[Eleusis] Nuevas drogas de síntesis

La Asociación Eleusis celebra su segunda conferencia en Barcelona y para ello reúne a tres expertos en drogas de síntesis Xavi Nadal, del departamento de Neurofamología de la Universidad Pompeu Fabra, Mireia Ventura, de la organización Energy Control y Juan Carlos Ureña, experto en RCs.El consumo de las drogas de síntesis está restringido a una subcultura que experimenta cualidades fenomenológicas hasta ahora desconocidas en la historia.

Video de la conferencia.

Adulterantes de drogas [1]

En los análisis de drogas que se realizan en Energy Control se encuentran adulterantes.

Vamos con la 1ª parte que vamos a dedicar a los adulterantes. Al hacer click en el enlace del adulterante tienes los datos completos en la web de Energy Control en su apartado correspondiente.

4-FMP

Introducción

Fenetilamina estimulante de duración media-larga.

Sustancia no muy común que en algunos casos se ha vendido como fraude de otras drogas.

Análisis Energy Control

En la mayoría de los casos analizados, por el Servicio de Análisis de Energy Control, entre el 2008 y el 2010, la 4-FMP aparecía como adulterante. Estas muestras habían sido vendidas como speed y MDMA y además la gran mayoría aparecían mezcladas con cafeína, anfetamina, MDMA o una mezcla de varias de ellas.

En este servicio se han analizado 3 muestras entre el 2009 y el 2010, que llegaron como 4-FMP y solo llevaban 4-FMP, sin ningún adulterante o residuo de síntesis.

4-MTA

Es la abreviatura de la 4-metiltioanfetamina o para-metiltioanfetamina, aunque en la calle también se la conoce con los nombres de goldeneagle o flatliner.

Se utilizó en su día como sustituto legal a la MDMA. Fue sintetizada por primera vez por David Nichols en la universidad de Purdue.

Benzylpiperazine (BZP)

Es una sustancia de la familia química de las piperazinas. Sus efectos, a grandes rasgos, son estimulantes, eufóricos, empatógenos y a dosis altas alucinógenos.

En Nueva Zelanda se ha vendido de forma legal en tiendas especializadas. Frecuentemente aparece mezclada con TFMPP, que es otra piperazina. Sobre esta mezcla, comentan los usuarios que los efectos se asemejan a los de la MDMA pero con un toque más psicodélico.

Blufomedil

Descripción

  • Es el principio activo de un fármaco que en España se comercializa con el nombre de Lofton®.
  • Es utilizado por pacientes con problemas circulatorios.
  • Es vendido en grandes festivales del estado español, como falsas pastillas de éxtasis. También, venden las pastillas machacadas en formato de pollo o papelina, como cocaína, speed y MDMA.

Cafeína

Es un estimulante del sistema nervioso central que actúa después de 5 minutos de su ingestión aumentando la actividad cerebral y el estado de vigilia.

El consumo de 75 a 150 miligramos de cafeína (una taza de café) eleva ligeramente la temperatura corporal, el ritmo respiratorio y la secreción de ácido gástrico en el estómago. Cantidades más altas pueden producir episodios de ansiedad, irritabilidad, insomnio, sudoración, taquicardia y hasta diarrea.

Dextrometorfano (DZM)

El dextrometorfano (también conocido como DXM o DM) es una fármaco opioide sintético utilizado sobre todo para aliviar la tos.

DPIA

(di-(β-fenilisopropil)-amina)

Sustancia derivada de la síntesis de la anfetamina cuando se utiliza, para su síntesis, el método Leuckart. Este método se empezó a utilizar después de 1981 en la fabricación clandestina de anfetamina en Holanda y otros países. Se desconoce la toxicidad y los efectos de esta sustancia pero su presencia en el speed es bastante frecuente.

Test de Marquis

Con el test de Marquis podremos saber si una droga -de las que puede analizar- está adulterada o no.

Las nuevas drogas online preocupan a Europa

Las autoridades europeas alertan sobre el auge de sustancias sintéticas que se venden en internet bajo apariencia de legalidad // En España su consumo es aún minoritario

Las nuevas drogas circulan libremente por internet, donde aparecen deliberadamente mal etiquetadas como sales de baño, abonos, tonificantes oambientadores para eludir los controles. Sin embargo, se trata de sustancias con potencial adictivo, en su mayoría sintéticas, que se presentan como la alternativa a las drogas ilegales clásicas.

Conocidas como legal hights oresearch chemicals, las nuevas drogas, algunas de ellas conocidas desde hace años en fiestas rave y en ámbitos de ocio nocturno, presentan, sin embargo, numerosas incógnitas a ojos de las autoridades, que carecen de datos sobre la extensión de su consumo y la peligrosidad real de muchas de ellas. «Se trata de sustancias muy nuevas y poco estudiadas», reconoce Ana Gallegos, experta en nuevas sustancias y responsable del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías (OEDT), con sede en Lisboa (Portugal).

Tras recordar que sólo en 2009 se identificó una treintena de estas nuevas sustancias a través del sistema de alerta rápida de la Unión Europea, Gallegos señala que es difícil estimar cuántos ciudadanos pueden estar consumiendo estas sustancias, entre las que destacan los cannabinoides sintéticos (ligados al llamado Spice) y las catinonas sintéticas, a las que pertenece la mefedrona, que tiene efectos similares a la cocaína y el éxtasis. Esta última sustancia es una de las pocas de cuyos efectos ha habido constancia tras registrarse tres fallecimientos en Reino Unido, uno en Austria y otro en Holanda relacionados con su consumo, lo que hizo que la Unión Europea la prohibiera el mes pasado.

170 tiendas online

No obstante, prohibir una de estas sustancias requiere un concienzudo procedimiento de análisis de riesgos que puede tardar un año en completarse por su complejidad. Así, aunque las autoridades europeas realizan periódicamente inventarios de las 170 webs que se estima que venden estas drogas, «no siempre es fácil dilucidar el origen, ni mucho menos la composición de los productos», añade Gallegos.

Junto con el desconocimiento, otro de los factores que dificulta el abordaje del problema es que muchas veces son sustancias que tienen usos legales no médicos. En este sentido, su control «entraña dificultades adicionales, puesto que la distinción entre su uso legal y los usos indebidos no son siempre evidentes».

La apariencia de legalidad y la escasa información puede acarrear serios disgustos a los consumidores. Desde Energy Control, una ONG que lleva desde 1997 trabajando para reducir los riesgos del consumo de drogas mediante la información a los consumidores, advierten que estas sustancias, englobadas bajo la denominación general research chemicals y aún relativamente poco extendidas en España, llevan aparejada una «baja percepción del riesgo».

Según Iván Fornís, experto de Energy Control en esta materia, el hecho de que en la mayoría de las ocasiones estas sustancias se presenten bajo la apariencia de legalidad hace que «la gente entienda por error que puedan ser menos arriesgadas que las clásicas drogas ilegales», cuando en realidad pueden tener niveles similares de toxicidad.

Ante la falta de información, los consumidores intercambian sus experiencias desde el anominato en foros de internet. En el caso de la mefedrona, por ejemplo, un usuario plantea sus temores antes de empezar a tomarla, ya que «parece ser que nadie puede controlar el consumo de esta cosa, que te engancha por el mismo mecanismo de la coca, la depresión». «Soy muy sensible a eso y no quiero pasar por otro infierno», admite el usuario, que fue adicto a la cocaína.

Otro aconseja comprar pequeñas cantidades para evitar el craving [deseo intenso de consumo], aunque reconoce que tampoco es efectivo: «Así empecé con la coca y acabé mal, y con esto parece que pasa algo parecido». Un tercer usuario explica el éxito de la mefedrona porque «es realmente barata», es fácil de dosificar, tiene un «ciego llevadero» que «no canta demasiado», y se consigue con facilidad.

Por otro lado, el boom de estas drogas registrado en los últimos años ha hecho reducirse la calidad de estas sustancias, que han pasado de fabricarse en «laboratorios con ciertas garantías» ubicados en Europa a producirse en China a gran escala. «Ya no existe la calidad que había antes», agrega Fornís, que advierte que en las actuales circunstancias consumir research chemicals es «casi menos seguro que acudir al mercado negro tradicional de drogas ilegales».

La mayoría de estas sustancias sintéticas, que suelen ser más baratas que las drogas ilegales clásicas, son estimulantes, aunque también hay algún alucinógeno. La extendida en la actualidad es la denominada 2CB o Nexus, de efectos similares al LSD. Otras de las más extendidas son la metilona (de efectos análogos al éxtasis o MDMA) y la recientemente prohibida mefedrona.

Por último, Fornís alerta del riesgo que tiene informar de forma frívola sobre estas drogas, de las que aún «se sabe muy poco», ya que puede hacer crecer la curiosidad de los consumidores y, por tanto, la demanda de estas sustancias a través de su principal red de ventas: internet.

Los sucedáneos de las drogas ilegales

Nexus ó 2CB

Es una de las nuevas drogas más extendidas en la actualidad, según Energy Control. Es un derivado del éxtasis que en ocasiones se vende como tal y tiene efectos psicodélicos a caballo entre esa droga y el LSD. Puede causar náuseas, ansiedad, frío o calor y confusión visual.

Metilona

Apareció en el mercado a finales de 2004 bajo la denominación ‘Explosion’ y también emula los efectos del éxtasis, aunque con resultados menos intensos. A dosis grandes o en personas muy sensibles, puede causar cuadros de ansiedad, confusión y paranoia.

Mefedrona

Prohibida en la UE en diciembre tras relacionarse con varias muertes en países europeos. Es un derivado de la catilona (principio activo de la planta khat) que se vende como alternativa a la cocaína y el éxtasis.

‘Spice’

Mezcla de hierbas que incluye cannabinoides sintéticos nuevos, un componente aún no regulado que imita los efectos de la marihuana. Puede ser muy activo a dosis pequeñas, con riesgo de efectos psiquiátricos.

Piperacinas

Familia de sustancias que incluye las denominadas BZP y mCPP, un fármaco antidepresivo experimental desarrollado por la industria farmacéutica. Puede provocar efectos alucinógenos y eufóricos.

Ketamina y GHB

La ketamina es un fármaco veterinario usado como anestésico. Crea estados oníricos y puede causar parada cardiorrespiratoria combinada con alcohol. El GHB es otro anestésico con numerosos riesgos.

Visto en el diario Público.

Metanfetamina – El advenimiento del dragón blanco

Meta, meth, crystal, glass, ice, nazi-crank, yaaba, syabu, batu, batak, batu kilat… Llámala como tú quieras. Es la metanfetamina. El nuevo flagelo psicoactivo del Gran Hermano yanqui, que ahora la presenta en sociedad como la «droga más peligrosa del mundo». De modo que, si tenemos en cuenta que los americanos llevan décadas marcando la pauta y las tendencias de la drogofilia internacional, tal vez podamos hacernos una idea de cual será uno de los platos fuertes que nos ofrecerá el mercado global del narco en temporadas venideras.

Introducción

Sustancia de potentes y duraderos efectos estimulantes. Supresora del sueño, del cansancio y del apetito. Puede consumirse vía oral, esnifada, inyectada, fumada en pipa o en papel de plata (1). En su día fue el carburante que hizo funcionar a los cazabombarderos y a los tanques de la Segunda Guerra Mundial o, más exactamente, el «suplemento farmacológico» que dio bríos, fuerza, energía y motivación a quienes tenían que pilotar dichos artilugios. Fue la «medicina» de los militares nazis y de los kamikazes japoneses. El catalizador de los incendiarios y furibundos discursos públicos del mismísimo Hitler. Hoy es la droga de los speed-freaks de la América profunda; el tentempié y sustento de los curritos y de las prostitutas de Tailandia, Filipinas y de otros tantos enclaves asiáticos; y, en Europa, el vicio de checos, eslovacos y húngaros, a la vez que el capricho de finlandeses, suecos y noruegos. En el resto del planeta, aun cuando existen pruebas incontestables de tráfico y consumo en lugares tan dispares y distantes como Nigeria, Reino Unido, Arabia Saudí, Nepal, o Islas Fiji, las prevalencias de uso continúan siendo poco menos que anecdóticas. Con todo, a nivel mundial hay más aficionados a la meta que a la cocaína y a la heroína juntas. De tal manera que sólo los cañamitas y fumetillas les superan en el ranking numérico de los fieles y devotos a las sustancias prohibidas. ¡Ahí es nada!

Las razones del auge

A la luz de estos datos, la pregunta es inevitable: ¿Cuáles son los motivos que han convertido a esta droga en el segundo plato del menú psicoactivo de la Aldea Global y han terminado por dejar al jako y a la coca para los postres?

La respuesta, como no podía ser de otra manera, viene a indicarnos que los artífices de estos cambios en los gustos y en las tendencias drogófilas de la población mundial no son otros sino los demenciales chefs de la cocina experimental del prohibicionismo, que, con sus políticas de represión y de reducción de cultivos a lo Antonio María Costa, han venido a dictar a los pinches del mercado ilícito la receta del plato que habría de estar presente en el menú del día que ofrecen los dealers de medio mundo.

U.S.A.

En el Yanqui, el advenimiento del dragón blanco vino propiciado por las dinámicas intrínsecas de la prohibición y del mercado ilícito que ha generado. A fin de cuentas, a nadie se le escapa que, la durísima represión del narcotráfico en la que se basan las políticas prohibicionistas, sobrecarga de costes y de riesgos la producción y la comercialización de drogas ilícitas, dando lugar a que el negocio se torne excesivamente costoso y arriesgado, y fomentando, en consecuencia, que traficantes y usuarios exploren nuevas alternativas y que se decanten por aquellas que les resulten más seguras y provechosas. Es decir, se da el caso de que, en última instancia, el endurecimiento de las leyes antidroga termina, de una parte, promoviendo la venta y el uso de sustancias más potentes y baratas; y, de otra, impulsando el desarrollo y la implantación de métodos de producción y de distribución menos visibles, más eficaces, con menos intermediarios y, por lo tanto, menos arriesgados y más rentables. Estas son, de hecho, las ventajas que presentan la producción y la venta de metanfetamina en comparación con el cultivo y el tráfico de cocaína o heroína, y estas vienen a ser las razones últimas que subyacen al arraigo y a la proliferación de laboratorios caseros dedicados a producir crystal meth en los United States of America a lo largo de la última década.

A su vez, las dinámicas de la prohibición y del mercado negro fueron, también, las que propiciaron el surgimiento del tráfico internacional de metanfetamina dirigido a abastecer a los usuarios gringos. En este caso, los intentos de combatir la producción casera y el pequeño comercio local de Ice se centraron en fortalecer el control de los precursores químicos habitualmente empleados en la síntesis de esta sustancia. Sin embargo, tales medidas, aparte de resultar insuficientes para erradicar del todo los pequeños laboratorios locales, generaron un efecto llamada entre las redes de traficantes del vecino México, donde el control de los precursores era, por aquel entonces, infinitamente menor. De modo que, la mafia azteca, dedicada desde hace tiempo a proveer de heroína a los americanos, tan sólo tuvo que aprovechar la oportunidad que los estrategas de la erradicación mundial de las drogas les acababan de servir en bandeja para ampliar y diversificar el negocio. El resultado fue que, de la noche a la mañana, las exportaciones de metanfetamina mexicana con destino a los U.S.A. aumentaron exponencialmente. Una vez más, por lo tanto, las tácticas pensadas para acorralar a unos narcos vinieron a tener el efecto colateral de abrirles el camino a otros.

Sudeste Asiático

En lo que respecta al advenimiento del dragón blanco en el sudeste asiático, cabe decir que, de nuevo, estuvo precedido por el endurecimiento de las políticas antidroga, que, progresivamente, fueron dificultando y encareciendo el tráfico y el consumo de opiáceos, hasta que ambas actividades terminaron por resultar excesivamente peligrosas y muy poco rentables. Tanto que, buena parte de los cultivadores, traficantes y usuarios optaron por tirar la toalla y abandonaron sus viejos vicios y dedicaciones, obrando así el milagro de que el Triangulo de Oro dejase de ser el centro neurálgico de la producción y del uso de opio y heroína.

Los miopes gestores y estrategas del prohibicionismo se apresuraron, entonces, a entender y adjudicarse este hecho como una incontestable y esperanzadora victoria. La cuestión es que olvidaban, una vez más, que las pulsiones drogófilas no se destruyen ni desaparecen sino que, como mucho y en caso de ser estrictamente necesario, tan sólo se transforman y cambian de una sustancia a otra. De tal manera que, quienes desean consumir una droga y ven impedido o gravemente dificultado el acceso a la misma, simplemente se decantan por una diferente. Olvidaban, también, que los mercaderes de la droga tratan de satisfacer una muy arraigada demanda y que, a cambio de hacerlo, obtienen unos beneficios astronómicos de los que, como reiteradamente ha demostrado la historia, difícilmente se van a privar por mucha mano dura que les deparen las leyes prohibicionistas. Olvidaban, por lo tanto, que los traficantes de drogas tampoco se eliminan ni desaparecen sino que, como mucho y si es estrictamente necesario, se transforman y cambian. El resultado de todo ello es que, si la cosa se pone fea, unos narcos sustituirán a otros, unas sustancias ocuparán el lugar de otras y unos métodos de consumo serán suplantados por otros. Únicamente en el caso de que la cosa se ponga demasiado fea y de que no existan alternativas de escape, las cosas se quedarán como están y los productores, vendedores y consumidores seguirán haciendo lo mismo que venían haciendo, sólo que expuestos a mayores riesgos.

Como ya habrán adivinado, cuando la cosa se puso fea, en el sudeste asiático supieron encontrar una alternativa más barata, segura y rentable que el tráfico y el consumo de opio y heroína. La hallaron en la metanfetamina, cuyo uso se extendería como la pólvora por toda la región en cuestión de unos pocos años. Los mismos que tardó el sudoeste asiático en convertirse en la actual Media Luna de Oro tras hacerse cargo del negocio opiáceo abandonado por sus vecinos.

Japón, Chequia, Lituania, Oceanía, África, China

Atendiendo, de nuevo, a las leyes del mercado negro y a las dinámicas del prohibicionismo en interacción con diversos factores geopolíticos, históricos y culturales, puede explicarse la implantación del tráfico y del uso de esta droga en los puntos más dispares del planeta. El ejemplo paradigmático es el de Japón, donde podría decirse que el elevado consumo de metanfetamina es, ante todo, una herencia histórica y una cuestión de idiosincrasia farmacófila. De hecho, a nadie se le escapa que, por ética y por estética, la meth encaja a la perfección con el temperamento nipón. No en vano, fueron los japos quienes la inventaron, y no en vano la utilizaron profusamente durante la Segunda Guerra Mundial, tanto que, al finalizar la contienda, el país del sol naciente contaba con, nada menos, que dos millones de adictos. De modo que no es de extrañar que, de aquellos polvos, gocen hoy en día de estos lodos.

Por su parte, en lugares como Chequia, Lituania o Nueva Zelanda, la metanfetamina fue la alternativa que encontró la afición drogófila para proveerse de estimulantes en países tradicionalmente excluidos de las rutas del tráfico internacional de cocaína. En África, hizo acto de presencia una vez que el Gran Narco decidió sacar partido del caótico continente y comenzó a transitar impunemente por él. Y, en China, el auge de esta droga vino de la mano del despertar al mundo del gigante rojo, que, en cuanto abrió los ojos, se encontró a sí mismo como el primer productor mundial de efedrina (principal precursor de la metanfetamina), y, viendo como estaba el mercado asiático, supo sacar provecho de ello.

Tomorrow the World…

A todo lo apuntado anteriormente, hemos de sumar el hecho de que hace lustros que la implacable lucha internacional contra el narcotráfico logró malherir a varios de los grandes viejos clanes mafiosos, haciendo que algunos sucumbieran del todo y que otros perdieran poder y capacidad operativa. Lo cual, una vez más, allanó el camino a la competencia y vino a ser una invitación para que nuevas bandas entrasen en el negocio. Hoy en día, por lo tanto, en lugar de cuatro grandes mafias monolíticas hay cuatro mil grupos, ágiles y dinámicos, que se dedican al crimen organizado. Cuatro mil grupos que, en el terreno local, compiten entre sí, dando lugar, con ello, al abaratamiento de los precios y al aumento de la pureza de las drogas. Cuatro mil grupos que, en el ámbito internacional, colaboran entre ellos abriendo nuevas rutas; ampliando mercados; incrementando la variedad de sustancias que se ponen a disposición del usuario; operando en países que no están preparados para ejercer un estricto control sobre los precursores químicos empleados en la síntesis de las distintas drogas; estableciendo alianzas con exóticas y novedosas bandas muy poco permeables a la infiltración policial…

En resumen, complicando hasta límites inauditos las labores de los cuerpos policiales encargados de desbaratar el mercado de sustancias psicoactivas ilegales. De tal manera que, ganando la batalla contra algunas de las mafias clásicas, el prohibicionismo ha terminado por perder, definitivamente, la Guerra Contra las Drogas, pues, a día de hoy, la desactivación del narcotráfico internacional se ha convertido, más que nunca, en una tarea irrealizable, ya que, la multiplicidad de grupos criminales que operan al mismo tiempo ha dado lugar a que las bajas que puedan sufrir unos u otros clanes apenas afecte a la capacidad de maniobra de los restantes. En última instancia, por lo tanto, el resultado final de la ecuación prohibicionista, en lugar de ser un Mundo Libre de Drogas, ha venido a ser un mercado global de las drogas prácticamente invulnerable del que sólo cabe esperar que siga creciendo y creciendo hasta el día, no muy lejano, en que sus tentáculos lleguen al último rincón del planeta para dispensar la más amplia variedad de sustancias psicoactivas prohibidas.

(1) En Estados Unidos fumar metanfetamina en papel de plata (chino) se conoce como cazar el dragón blanco.

Texto de Eduardo Hidalgo.

Publicado en Cannabis Magazine.

"Canna Cola", refresco de marihuana, disponible en febrero

No es el primer refresco de marihuana que se vende en EEUU, pero la «Canna Cola» llegará a las tiendas de Colorado en febrero junto con una refinada campaña de mercadotecnia que pretende convertirla en el más popular sustitutivo del cannabis.

Cada botella de la bebida costará de 10 a 15 dólares y contiene entre 35 y 65 miligramos de THC (tetrahidrocannabinol), el ingrediente psicoactivo del cannabis, informó hoy la edición digital de la revista «Time».

Su creador es el empresario californiano Clay Butler, que asegura que nunca ha fumado marihuana y que ideó la bebida por su «firme creencia de que los adultos tienen un derecho inalienable a pensar, comer, fumar, ingerir o vestirse con lo que quieran», según dijo en una entrevista con el diario «Santa Cruz Sentinel».

Para distinguir su producto de otros basados en la marihuana, como el refresco «Mary Jane’s Relaxing Soda», que comenzó a venderse en California el año pasado, Butler ha recurrido con su experiencia como empresario a un creativo logo que muestra una hoja de marihuana formada por burbujas y a cinco variedades distintas.

Al sabor de cola, que lleva el nombre de la propia marca, se le une otro de lima-limón llamado «Sour Diesel», los de uva «Grape Ape» y naranja «Orange Kush», y el inspirado por la popular bebida Dr. Pepper, «Doc Weed».

Según Scott Riddell, fundador de la empresa Diavolo Brands, que comercializará la bebida, los niveles de THC de la «Canna Cola» estarán bastante por debajo de los niveles de bebidas que ahora están en el mercado, y su efecto es similar al de una «cerveza suave».

«Tiene un sabor suave a marihuana, pero ese factor es muy descartable si lo comparamos con otros competidores que tienen tres veces el nivel de THC de nuestra bebida. Con esos niveles, se queda un sabor de boca muy fuerte después de beberla», dijo Riddell al «Sentinel».

Para el creador de la «Canna Cola», su llegada al mercado puede incluso añadir un nivel de «distinción» a los productos fabricados a base de cannabis, cada vez más populares en California, donde su uso con fines médicos es legal.

«Si echamos un vistazo a los productos de marihuana que hay ahí fuera, parecen hechos para mamá y papá, o para hippies, o de mala muerte», dijo Butler al «Sentinel».

«Parece que si pueden añadirles todos los colores del arcoiris, lo hacen. Si pueden añadir las fuentes más inadecuadas e ilegibles para sus logos, lo harán», añadió. EFE.

Visto en ABC

Usos terapéuticos del cannabis

El cannabis es una droga utilizada desde hace más de cuatro mil años con fines industriales, terapéuticos, sacramentales y recreativos. A pesar de las sanciones legales que se aplican en todo el mundo por su tenencia o consumo, es la droga ilegal más consumida.

En España el 28,6% de la población entre 15 y 64 años lo ha probado y el 8,7% la ha utilizado en el último mes. En la población escolar entre 14 y 18 años estas cifras son más elevadas (36,2% y 20,1%) A pesar de las restricciones legales que existen sobre su consumo y comercio,  los datos del Plan Nacional sobre Drogas señalan que  el 75,7% de los ciudadanos entre 15 y 35 años creen que les resultaría fácil o muy fácil obtener hachís o marihuana en menos de 24 horas.

1.- Breve repaso histórico…

En el momento actual, los usos terapéuticos del cannabis constituyen una cuestión social y sanitaria de primer orden. Para entender el problema en toda su magnitud, es necesario un breve repaso histórico. La referencia histórica más antigua a los usos terapéuticos del cannabis se encuentra en un tratado chino con más de cuatro mil años de antigüedad (Pên-Tsao Ching), en el que se recomendaba su uso para tratar el dolor o el paludismo. El cáñamo se utilizaba también en algunas de las triacas de griegos y romanos. En España, la primera referencia escrita se encuentra en las obras de Ibn al Baytär al Malaqí (s.XII) , considerado el más importante botánico y farmacólogo de la Historia Medieval de la Península Ibérica.

En fechas algo más recientes, el Manual de Medicina Merck (1889) recomendaba su uso en el tratamiento de la histeria, el delirio, la epilepsia, el insomnio nervioso, la migraña, la dismenorrea (dolor menstrual) o el dolor crónico. El doctor J.R. Reynolds publicó un artículo en 1890 en la prestigiosa revista médica The Lancet, en el que consideraba al cannabis como «uno de los medicamentos más valiosos que tenemos, cuando es puro y se administra correctamente». Reynolds era el médico personal de la Reina Victoria de Inglaterra. Aunque no está documentado que Su Majestad utilizara el cannabis para tratar las terribles jaquecas que padecía durante la menstruación, no es una idea descabellada a vista de las opiniones de su doctor.

Este panorama va a cambiar a lo largo del siglo XX.  Diversos motivos de tipo social, económico y moral llevaron a la prohibición del consumo  del cannabis en EE UU en 1937 mediante la Marihuana Tax Act. Posteriormente, La Organización Mundial de la Salud (OMS), a través de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) clasificó al cannabis  como sustancia «con gran potencial de abuso, nulo interés terapéutico y cuyo uso supone graves riesgos para la salud» en la Convención Única sobre Estupefacientes  de 1961. De forma paralela,  durante la segunda mitad del siglo XX se desarrolla el ensayo clínico como patrón para demostrar la eficacia y seguridad de los medicamentos, comparando sus propiedades con un placebo a través del método científico. El cannabis no ha sido casi estudiado según este método, ya que a priori se había definido (con criterios más morales que científicos) su nulo interés terapéutico. Sí se desarrollaron  fármacos para indicaciones para las que el cannabis se había utilizado tradicionalmente, en algunos casos menos seguros a nivel farmacológico como los barbitúricos.

Las investigaciones sobre usos terapéuticos del cannabis se desarrollan tímidamente a lo largo de los años y 80 del siglo pasado. Durante aquellas décadas muchos pacientes siguieron utilizando el cannabis, en la mayoría de los casos con el desconocimiento o desaprobación de los profesionales sanitarios. En 1975 la FDA autoriza el primer programa de administración de cannabinoides sintéticos como fármacos de uso compasivo.

2.- La venganza del cannabis: el Sistema Cannabinoide Endógeno:

Pero la verdadera revolución con respecto a los usos terapéuticos del cannabis se produjo a lo largo de la década de los 90.  Hasta entonces no se conocía cual era el mecanismo por el cual los cannabinoides actuaban dentro del organismo y la mayoría de los científicos opinaban que el cannabis simplemente traspasaba las membranas de las células produciendo efectos inespecíficos. Durante la pasada década, se ha comprobado que, en todos los vertebrados, existen unos receptores a los cuales los cannabinoides se unen de forma específica: los receptores CB-1 se encuentran distribuídos en el sistema nervioso y los receptores CB-2, que aparecen en las células del sistema inmunológico.

Los principios activos de la planta (Cannabis sativaCannabis indica), como el delta-9- tetrahidrocannabinol (Δ9-THC), el cannabidiol (CBD) o cannabinol (CBN) se unen a estos receptores, produciendo distintos efectos en el organismo.  Pero la pregunta que surge de inmediato es: ¿por qué están esos receptores allí? ¿Únicamente para modificar el estado de consciencia cuando alguien fuma un canuto? Sería extraño el que existiera un sistema biológico tan complejo en todas las especies sólo para producir ese tipo de efectos…Efectivamente, se ha descubierto que el organismo genera sus propios cannabinoides (cannabinoides endógenos: anandamida y 2- araquidonilglicerol), que son las moléculas que se unen a los receptores CB-1 y CB-2. A todo este conjunto de receptores y mensajeros se le ha dado el nombre de sistema cannabinoide endógeno (SCE).

En la última década se han multiplicado las investigaciones para conocer las funciones del SCE en el organismo. La mayoría de los experimentos se hacen en laboratorio o en animales de experimentación.  Estos estudios señalan que el SCE controla muchos procesos biológicos en todos los vertebrados: cómo se modula la sensación del dolor, el control de los mecanismos de las nauseas y vómitos, la coordinación de los movimientos del cuerpo, regulación de los mecanismos de aprendizaje, recompensa, motivación y emociones…

Especialmente interesante es la relación entre los receptores CB-2 y el control de las células cancerosas.  Las células del sistema inmune atacan y destruyen las células tumorales que el propio organismo produce por error, evitando el desarrollo del cáncer en las personas sanas. El SCE, a través de los receptores CB-2, desempeña un papel crucial en el control de estos mecanismos.

3.- Del SCE a los fármacos derivados del cannabis

Se ha demostrado que el SCE puede ser un arma eficaz en el tratamiento de tumores como el cáncer de piel, mama, útero, pulmón, próstata, leucemias y linfomas. La idea es estimular al sistema inmunológico para que destruya las células tumorales. Pero la mayoría de los datos de investigación son todavía muy prematuros y proceden de experimentos en laboratorios o en animales. Hace dos años, un equipo de la Universidad Complutense de Madrid fue el primero en el mundo en administrar THC por vía intracraneal («pinchando» directamente sobre el cerebro) a ocho pacientes con un tipo de cáncer cerebral muy agresivo llamado glioblastoma multiforme. Aunque se trata de estrategias muy prometedoras, el desarrollo de fármacos derivados del SCE que permitan paliar o curar determinados tipos de cáncer llevará todavía algunos años.

No sucede lo mismo con otro tipo de enfermedades, en los que los fármacos derivados del cannabis ya han demostrado eficacia. Existen varios cannabinoides disponibles como fármacos, aunque no todos están comercializados en España:

El dronabinol (Marinol©) es la forma sintética del Δ9-THC, aprobado por la FDA en 1986 para el tratamiento de las nauseas y vómitos producidos por quimioterapia y síndrome de anorexia-caquexia (delgadez extrema y falta de apetito) asociado a SIDA. Está comercializado en EE.UU, pero no en Europa. Es útil en el control de determinados tipos de dolor, ya que potencia el efecto analgésico de los derivados de la morfina. También ha demostrado efectos beneficiosos sobre ciertos síntomas (dolor, rigidez, problemas urinarios) de la esclerosis múltiple. Existen casos anecdóticos sobre su posible utilidad en enfermedad de Alzheimer, picor por enfermedades hepáticas, trastorno obsesivo compulsivo…

La nabilona (Cesamet®) es un análogo sintético del THC. Está comercializado en EE.UU, Canadá, México y Reino Unido con las mismas indicaciones que dronabinol (nauseas producidas por quimioterapia y anorexia por SIDA). También existen ensayos clínicos que demuestran su eficacia en el manejo del dolor en cáncer avanzado y algunos síntomas de la enfermedad de Parkinson y esclerosis múltiple.

El rimonabant (Acomplia®) es un antagonista («neutralizador») de los receptores CB-1. El fármaco fue aprobado en la Unión Europea en el 2006 para el tratamiento de la obesidad en pacientes con problemas de diabetes o colesterol, contando también con estudios favorables como fármaco para ayudar a dejar de fumar. Sin embargo, en octubre de 2008 se suspendió su comercialización, ante el elevado número de efectos adversos de tipo psiquiátrico (incluyendo suicidios) registrados.

El spray de tetrahidrocannabinol/canabidiol (THC/CBD) (Sativex®) permite la administración sublingual de cantidades fijas de estos cannabinoides, extraídos directamente de la planta. El fármaco está aprobado en Canadá, para el tratamiento del dolor producido por esclerosis múltiple y cáncer. En el momento actual se están llevando a cabo ensayos clínicos con este fármaco para comprobar su eficacia en distintas enfermedades (náuseas y vómitos por cáncer, dolor por lesión en la médula, rigidez por esclerosis múltiple, artritis reumatoide…). Algunos de estos estudios se están llevando a cabo en Cataluña, con la colaboración de instituciones como el Colegio de Médicos de Barcelona, el Instituto Municipal de Investigaciones Médicas y el Departamento de Salud de la Generalitat.

Conviene hacer algunas consideraciones sobre estos fármacos. En primer lugar, señalar que, como cualquier otro, tienen sus propias indicaciones, contraindicaciones, efectos adversos, interacciones farmacológicas…Los cannabinoides se absorben mal por vía oral, lo que lleva a que, en principio, fórmulas como el spray de administración sublingual sean más adecuadas y produzcan mayor efecto terapéutico y menos efectos adversos.  Hay que tener en cuenta que el cannabis produce un estado modificado de consciencia, que puede ser agradable para algunas personas pero no tanto para otras. Además pueden aparecer otro tipo de efectos adversos (irritación en la zona de administración, cuadros de mareo, hipotensión…).

Señalar también que, hasta el momento este tipo de medicaciones no han demostrado que varíen el curso natural de ninguna enfermedad y se trata de fármacos destinados a aliviar síntomas (lo cual es, en bastantes  ocasiones, el objetivo principal de las intervenciones de los médicos). En este sentido, los fármacos derivados del cannabis deben considerarse como una opción de tratamiento más, pero existen otras familias de fármacos que, dependiendo del caso y el paciente, pueden ser más o menos adecuadas.

4.- ¿…y la marihuana?

Otro aspecto importante de la cuestión está en la automedicación con hachís o marihuana. Distintas encuestas señalan que entre el 10-36% de los pacientes con enfermedades como cáncer de mama, VIH-SIDA, esclerosis múltiple o dolor de origen neuropático han utilizado marihuana para aliviar síntomas de sus enfermedades y muchas de estas personas refieren alivio de sus síntomas. Este hecho contrasta con la escasez de ensayos clínicos en los que se utiliza marihuana (entre 2000 y 2008 sólo se encuentran 8, que incluyeron a un total de 248 pacientes con un seguimiento medio de 7 días).  La falta de investigación sobre la planta del cannabis suele atribuirse a los riesgos derivados de la vía de administración (fumada) o a la dificultad de obtener productos con concentraciones homogéneas. Siendo esto cierto, también hay que considerar otros elementos importantes como el desinterés de la industria farmacéutica en un producto del que no se puede obtener beneficio o las obstrucciones burocráticas, trabas legales y prejuicios de tipo moral para la investigación con sustancias fiscalizadas.

El descubrimiento del SCE y el desarrollo de fármacos derivados del cannabis ha colocado muchos de los dogmas de la lucha  antidroga entre la espada y la pared. Es imposible mantener que las drogas son un conjunto de terribles problemas para la salud y la sociedad en cualquier circunstancia y mientras se desarrollan fármacos que tienen como base estas maléficas sustancias. Pero el movimiento antiprohibicionista no debería caer en la tentación de hacer de los usos terapéuticos del cannabis una de sus banderas. Existen suficientes argumentos de tipo político, social, económico y moral para defender el derecho a la modificación de consciencia con sustancias, con fines recreativos o de cualquier otra índole, siempre que no perjudique a terceros. Los usos terapéuticos del cannabis constituyen una cuestión estrictamente científica y sanitaria que debería permanecer en ese ámbito, sin injerencias de los partidarios de la legalización ni, mucho menos, de los políticos y los organismos antidroga.

Texto Fernando Caudevilla

Visto en Cannabis Magazine.

Intervención Associació Barcelonina Cannàbica d'Autoconsum

Los Mosos d’Esquadra y la Guardia Urbana de Barcelona han detenido a los responsables de la Asociación Barcelonesa de Autoconsumo por tráfico de drogas, al utilizar su sede para vender marihuana.

Según informa este sábado la policía autonómica catalana, los cuatro detenidos fueron puestos a disposición judicial.

Los detenidos utilizaban esta asociación, que estaba legalmente inscrita en el Registro de asociaciones desde agosto de 2011, para suministrar la droga. En un local abierto al público en el barrio de la Barceloneta vendían bolsas de marihuana a las personas que acudían a comprar.

Cuando los agentes registraron el local, intervinieron aproximadamente 200 de estas bolsas de marihuana (casi 2 kilos), varios enseres relacionados con la manipulación de la droga (balanzas, secadores, coladores, prensadores, entre otros) Y dinero. El valor en el mercado de la marihuana intervenida ronda los 7.000 euros.

La investigación se inició a principios de enero cuando agentes de la Guardia Urbana detectaron que del mencionado local entraban Y salían varias personas a las cuales, tras pararlas, se les intervenían pequeñas cantidades de hachís para autoconsumo.

Por ello, los agentes visitaron la sede de la asociación donde observaron una gran cantidad de una substancia vegetal que presuntamente era marihuana. Sus responsables les explicaron que su entidad estaba oficialmente inscrita en el Registro de Asociaciones de la Generalitat, de forma que no estarían cometiendo ningún delito.

La guardia Urbana informó sobre esta situación al Grupo de Salud Pública de la Unidad de Investigación de los Mossos d’Esquadra que iniciaron una investigación.

Tras varias indagaciones, los agentes recogieron suficientes indicios que indicaban que, pese a que el local estaba legalmente inscrito, en su interior se realizaba la venta de estupefacientes, de forma que solicitaron al juez la entrada Y registro del local.

Visto en Periodista Digital.

Irán es uno de los primeros traficantes de droga del mundo (Wikileaks)

Irán es uno de los primeros traficantes de droga en el mundo, y responsables de los Guardianes de la Revolución están implicados en este tráfico, informa el viernes el diario alemán Die Welt, que cita telegramas diplomáticos estadounidenses obtenidos por Wikileaks.

Un telegrama confidencial del 12 de junio de 2009, llegado de la embajada de Estados Unidos en Bakú, informa que las cantidades de heroína procedentes de Irán incautadas en Azerbayán pasaron de 20 kilos en 2006 a 59.000 kilos solamente en el primer trimestre de 2009.

Azerbayán, indica este telegrama que cita informes confidenciales de investigadores de la ONU, es una de las principales rutas hacia Europa para la exportación de heroína, fabricada a partir del opio afgano.

Irán es el principal comprador de opio afgano y uno de los principales productores mundiales de heroína, añaden los diplomáticos estadounidenses.

Cerca del 95% de la heroína en Azerbayán proviene de Irán, y una proporción similar es exportada de Azerbayán hacia el mercado europeo, según otro telegrama diplomático del 26 de septiembre de 2009.

Un telegrama del 15 de octubre de 2009, clasificado «secreto», cita a Jalaf Jalafov, entonces ministro de Relaciones Exteriores de Azerbayán, según el cual el tráfico está en manos de los servicios de seguridad iraníes.

Cuando las autoridades de Azerbayán detienen a traficantes iraníes y los repatrían, éstos son muy a menudo rápidamente liberados, según Jalafov.

Escuchas desde Azerbayán también habrían establecido que responsables de las fuerzas de seguridad iraníes estaban directamente implicadas en la venta y la transformación de opio en heroína, según telegramas desvelados por Wikileaks.

El embajador iraní en la ONU, Mohamad Jazaee, afirmó en septiembre que el 89% de la producción mundial de opio procedía de Afganistán y que «la mayor parte de esta producción transita a través de las fronteras de Irán».

El embajador aseguró no obstante que Teherán gastó miles de millones de dólares para luchar contra estos tráficos.

Visto en AFP.

IACM: Abierto el plazo de recepción de comunicaciones para el Congreso sobre Cannabinoides de septiembre de 2011

RECEPCIÓN DE COMUNICACIONES: El comité científico tiene el placer de invitarle a presentar sus investigaciones en la Congreso sobre Cannabinoides que se celebrará del 8 al 10 de septiembre de 2011 en la Universidad de Bonn (Alemania). Dicho Congreso se realizará de forma conjunta con el 6º Congreso de la IACM sobre Cannabinoides en Medicina y el 5º Congreso de la European Workshop on Cannabinoid Research. Puede enviarnos el resumen por vía electrónica hasta el 31 de mayo de 2011 a info@cannabis-med.org. Como norma los resúmenes serán aceptados como carteles y entre ellos el comité científico seleccionará aquellos destinados a las presentaciones orales. Habrá premios para las mejores presentaciones orales y para los carteles, preferentemente para jóvenes investigadores (500 euros cada uno, alrededor de 650 dólares norteamericanos). Los premiados serán elegidos en verano.

PONENTES INVITADOS: Entre los oradores invitados que han aceptado participar se encuentran Daniele Piomelli, Ken Mackie, George Kunos, Vincenzo Di Marzo, Sophie Lotersztain, Javier Fernández Ruiz, Andreas Zimmer, Manuel Guzmán, Aarón Lichtman, Felipe Reyes, Tjalling Erkelens, Itai Bab, Ruth Ross, Roger Pertwee y Raphael Mechoulam.

PREMIOS IACM: Durante el Congreso la IACM galardonará a cuatro personas por sus logros especiales con respecto a la reintroducción del cannabis y los cannabinoides como medicamentos. El Comité encargado de seleccionar a los premiados, compuesto por Donald Abrams, Ethan Russo, Giovanni Marsicano, Istvan Katona, Manuel Guzmán, Mario van der Stelt, Mark Ware, Mauro Maccarrone y Raphael Mechoulam, ya ha elegido a los ganadores. Cada premio está asociado con una retribución económica de 500 euros (unos 650 dólares norteamericanos).

ASAMBLEA GENERAL DE LA IACM: Durante el Congreso la IACM celebrará su Asamblea General Anual. Los miembros regulares elegirán al nuevo Consejo de Administración (un máximo de 10 miembros), incluido el presidente. Los miembros asociados elegirán a dos representantes de los pacientes. Invitamos a todos los socios de la AIMC a hacernos sus sugerencias de candidatos por correo electrónico a info@cannabis-med.org. Dichas sugerencias también pueden hacerse durante el transcurso de la Asamblea General. Los socios de la IACM recibirán junto al IACM-News de julio una invitación por escrito para participar en dicha Asamblea General.

Más información del Congreso sobre Cannabinoides de 2011, incluida las instrucciones para remitirnos los resúmenes, en: http://www.bonn2011.org

Más en la web de la IACM

La cruzada farmacológica 20 años después

Veinte años despues1

A finales de los 80 una visita a la República Dominicana me familiarizó con la situación peculiar de países que ni son desarrollados ni destacan por subdesarrollo2. Entonces me sorprendió leer unas declaraciones del arzobispo de Santo Domingo lamentando «una clemencia excesiva» en asuntos de drogas, pues adjunta a ellas figuraba la noticia de que cierto individuo había sido condenado a veinte años por tener gramo y medio de cocaína. En diciembre de 2007, cuando volví al país, pude comprobar que la tónica no se había endurecido, aunque la arbitrariedad sigue campando por sus respetos. Una turista española distraída se dejó en el bolso la cantidad de marihuana que cabe en una caja de cerillas de fumador (no las de cocina o chimenea), y está pendiente de cumplir una sentencia a cinco años «por intentar salir del país con estupefacientes »3. No obstante, en la República Dominicana dicha droga resulta casi exótica y lo habitual sigue siendo cocaína, que según el dicho popular «apura hasta el párroco».

Más ilustrativo fue un año sabático en el sudeste asiático, donde los países castigan el tráfico de drogas ilícitas con pena capital (salvo Singapur, que aplica prisión perpetua), y el derecho vigente supone ánimo de traficar cuando la posesión supere diez gramos de algún polvo o cien gramos de marihuana. Como he descrito ya las experiencias de ese año4, me limito aquí a unas pinceladas. El pueblo bajo de toda la zona consume masivamente —casi siempre para trabajar— la llamada iabba oice, que es dexanfetamina, y tanto la famosa heroína blanca como la muy abundante marihuana son productos destinados normalmente a estratos sociales superiores, turistas y exportación. El opio, su fármaco tradicional, se ha convertido en una rareza. Tailandia, el país menos subdesarrollado del área, retransmite en directo las ejecuciones de traficantes y correos, a menudo birmanos y laosianos, aunque también nacionales; en 2000 hubo algo más de 2.000 ahorcados.

Esa guerra sin cuartel inspira un lógico terror al visitante, aunque lo prohibido es en realidad tan ubicuo que antes de pasar el primer día recibirá varias ofertas, y si no corta relaciones con el entorno en una semana de estancia habrá hecho contactos fiables para lo que guste. Por supuesto, nada descarta un enemigo personal o mala suerte, que cuestan prácticamente la vida, pero en un año de tratar a occidentales y autóctonos nadie me habló de algún conocido capturado comprando. En la antigua Indochina el rigor absoluto en materia de drogas coincide, como en países parejamente inflexibles de África e Hispanoamérica, con policías que cobran un sueldo simbólico complementado por gratificaciones irregulares en dinero o especie, cuyos registros suelen ser evitables sobornando.

Lo más imprevisto con mucho fue descubrir que tanto Tailandia como Vietnam eran sedes de periódicas y multitudinarias raves, un fenómeno posterior a la publicación de este libro y por eso mismo omitido. Las raves, cuya invención se disputan Londres e Ibiza, son reuniones al aire libre de personas que comparten MDMA o éxtasis en parajes idílicos, acompañadas por música ad hoc, desde primeras horas de la noche hasta primeras de la mañana. A mediados de los años 90 dichas fiestas estivales empezaron a cundir en Canadá, Brasil y Europa, desde donde saltaron a Australia, Bali y Goa. En agosto de 2000, cuando fijé mi domicilio en Koh Samui —una isla tailandesa situada sobre el golfo de Siam— la isla contigua, Koh Phangan, celebraba todos los meses el plenilunio con millares de personas venidas de Occidente, Hong Kong, Singapur y Japón, a las cuales se añadían nativos (básicamente nativas jóvenes). En agosto de 2001 las existencias de MDMA eran suficientes para que esarave ocurriese también con el pretexto de luna nueva, creciente y menguante. El Bangkok Times había sugerido tiempo atrás que ese regalo turístico se apoyaba sobre traficantes de éxtasis pagados con heroína.

Los hitos del camino. En un mundo globalizado las modas llegan tan rápidamente como se van, y la situación farmacológica del sudeste asiático bien podría haber sufrido modificaciones notables entre 2000 y 2008. Absorto hace tiempo en las relaciones de política y religión, al volver por un momento sobre el tema de las drogas —en realidad, una subvariante suya— veo hasta qué punto escribir nos permite olvidar un objeto sin perderlo. Cuando la atención vuelve sobre él sigue allí, pero se ha convertido en recuerdo de un recuerdo y lo prolijo de su pormenor no abruma. ¿Qué subrayaría de aquella investigación y qué dejé en el tintero, condicionado por la inmediatez del entonces o los cambios surgidos con el paso del tiempo? Para empezar, la distancia me permite resumir drásticamente el desarrollo de la cruzada farmacológica.

Dicha iniciativa brota en una Norteamérica consciente de su futuro como superpotencia y aleccionada por la doctrina del Destino Manifiesto, que contempla una regeneración moral del propio país y el resto del mundo. Atendiendo a ese Destino, y mientras Europa se lanza a la Gran Guerra, en 1914, el Congreso aprueba un paquete legislativo que incluye: a) restringir la disposición de opio, morfina y cocaína a médicos y farmacéuticos; b) ilegalizar la producción y consumo de cualquier bebida alcohólica (salvo el vino de la misa); c) generalizar a toda la Unión lo impuesto ya en materia de tabaco por 28 Estados, que era prohibir su empleo en cualquier lugar público. Instada por el Prohibition Party, entonces poderoso en el Senado, la reforma contó con el apoyo de dos entidades germinales —la Asociación Médica Americana y a la Asociación Farmacéutica Americana—, incentivadas por el privilegio de seguir recetando y dispensando pequeñas cantidades de coñac o whisky con fines terapéuticos, y sobre todo por asestar un golpe definitivo a toda suerte de competidores sin diploma (los «matasanos»). El diputado H. C. Hoover —que luego llegaría a presidente del país— definió la nueva normativa como «el mayor experimento moral de la Historia».

Los productos controlados o prohibidos representaban una destacada fuente de ingresos fiscales, y considerando que la recaudación iba a contraerse al menos en una cuarta parte, el Congreso aprobó la Enmienda XVI, modificando la Constitución para que el gobierno federal pudiese gravar la renta de personas físicas y jurídicas. La Prohibición es, pues, el origen del IRPF norteamericano. Luego resultaría que la Ley Seca iba a derogarse en 1933, y que el tabaco pudo con sus detractores hasta topar de nuevo con ellos hacia finales del siglo recién terminado. Pero los tres productos de botica controlados se transformarían en docenas, después en centenas y por último en indefinidas sustancias con influjo sobre el ánimo, algunas controladas con receta y otras desterradas del vademécum. Ajeno al fondo del cambio, el gremio terapéutico siguió consumiendo y dispensando liberalmente morfina y cocaína hasta que en las consultas y farmacias aparecieron policías fingiendo ser adictos, o simples usuarios, y ya en 1921 unos 70.000 médicos, dentistas y farmacéuticos americanos habían estado o estaban en prisión por «conducta indebida». Será ese año cuando el Journal de la Asociación Médica Americana denuncie «una conspiración para privar a la medicina de sus derechos y responsabilidades tradicionales».

Con las nuevas medidas Norteamérica se vio llevada a un cuadro complejo de consecuencias —contrabando, corrupción institucional, crimen organizado, desprecio por la ley, los primeros yonkis propiamente dichos—, pero es oportuno recordar que no arrastró al resto del mundo. Había una diferencia de espíritu, que se sopesa recordando la alocución del senador J. Volstead (Volstead Act se llama la Ley Seca) al entrar en vigor su proyecto: «Todos los hombres volverán a caminar erguidos, sonreirán todas las mujeres y reirán todos los niños; se cerraron para siempre las puertas del infierno». Europa y los demás continentes practicaban una política mucho menos ambiciosa, que andando el tiempo se conocerá como reducción de riesgos. Entre suponer que ciertas drogas estaban limitadas a usos médico-científicos y negar dichos usos, como proponían los cruzados norteamericanos, el estamento terapéutico del resto del mundo preferían lo primero.

Por otra parte, los progresos en química de síntesis iban convirtiendo en antigualla el viejo arsenal para inducir ebriedades, y era sencillo sortear las restricciones impuestas al opio, la morfina y la cocaína consumiendo otras sustancias. Como en Norteamérica la morfina acabó siendo devuelta sin demasiadas cortapisas al estamento médico, hasta allí se observa apaciguamiento cuando vender bebidas alcohólicas dejó de estar perseguido. Había una pléyade de analgésicos, sedantes, estimulantes y somníferos nuevos, que se vendían puros, baratos y sin receta en las farmacias, y muy pocos añoran la cocaína cuando tienen en la botica estimulantes más potentes, baratos y puros. Lo mismo puede decirse del opio y la morfina cuando están disponibles la heroína y algo después laDolantina o el Palfium, a los cuales se añaden pronto las benzodiacepinas como tranquilizantes y somníferos.

Algunos recordarán el Optalidón, un remedio acogido con especial favor por amas de casa en todo el mundo desde los años 50, cuyo secreto era combinar anfetamina y barbitúrico. En Europa las laxas medidas de control se apoyaban sobre resultados no insatisfactorios en la práctica, y las farmacias podían incluso dispensar drogas visionarias como la mescalina. Eso sí, eran personas mayores e integradas quienes se servían de dichos productos, y no obraban de manera escandalosa. Pero cuando termina la segunda guerra mundial una Norteamérica que es ya la superpotencia indiscutible vibra otra vez con el sentimiento del Destino Manifiesto, cuyos paladines denuncian a fabricantes y farmacias por fundir subrepticiamente los vicios del cabaret con los del fumadero de opio. Mano izquierda y laxitud son sus enemigos, y la recién creada ONU recibe generosas subvenciones para crear una red de organismos internacionales comprometida con el prohibicionismo, que antes de terminar los años 50 lanza su primer plan quinquenal para «un mundo libre de drogas».

El alma del proyecto es el delegado norteamericano Anslinger, un antiguo agente de la Ley Seca que se emplea a fondo como organizador e ideólogo durante décadas. De su iniciativa parte también el Boletín Internacional de Estupefacientes, una publicación mensual que iba a exponer sus propias ideas sobre drogas peligrosas y minorías mal vistas. Allí podemos leer, por ejemplo, cómo el opio se ligó con explotación infantil por parte de chinos en San Francisco y Nueva York; la cocaína, con violaciones perpetradas por negros en el Sur; los licores, con inmoralidades de judíos e irlandeses; la marihuana, con accesos de demencia maníaca en inmigrantes mexicanos, o con malayos en trance amok.

El precario equilibrio entre lo acostumbrado y un planeta sin drogas colapsa a finales de los años 60, un periodo de apoteosis insurreccional que reclama drogas y sexo con ingenuidad suficiente para acogerse a lemas como «prohibido prohibir». Al amparo de su victoria en materia de estética y gustos, Mayo del 68, Woodstock y sus análogos marcan también una explosión en el uso lúdico de drogas. Entre las desvergüenzas destaca una cofradía de la aguja, fundada por William Burroughs al amparo de las sórdidas condiciones norteamericanas, o las payasadas de Timothy Leary cuando atribuye a la LSD capacidad para evocar cien orgasmos y dirigir mejor la economía nacional. Más estupor aún provoca una peregrinación al campo de bastantes jóvenes, interpretada por algunos como tránsito del Sistema a la Naturaleza. La vertiente francesa de la contestación, que venera al Che y a Mao, no tarda en decantarse por heroína y terrorismo. La anglosajona, que en política sólo exige paz, rompe con el menú ofrecido por tabernas y farmacias en nombre de un comer a la carta donde marihuana y otras drogas visionarias son los platos preferidos.

Con el horror de Vietnam como telón de fondo, la respuesta institucional es una guerra sin cuartel que declara el presidente Nixon a viejas y nuevas drogas. Insuficiente hasta entonces para conseguir que Oriente y Occidente asumiesen el compromiso de una cruzada propiamente dicha, el patrocinio norteamericano a la red de organismos prohibicionistas en la ONU rinde sus frutos cuando éstos propongan un texto acorde con tales exigencias, que será la Con vención sobre Sustancias Psicotrópicas de 1971. Una legislación internacional limitada antes a narcotics o drogas adictivas amplía su campo a cualquier tipo de sustancia con eficacia psicotrópica (un neologismo creado por la Convención), entendiendo que «todos los Estados deben velar por el estado de ánimo de sus ciudadanos». Sólo la legislación norteamericana castigaba hasta entonces el consumo y la mera posesión de drogas controladas o prohibidas, pero ahora es la ONU quien lo preconiza. Más aún, insta a todos los países a que creen brigadas específicas de estupefacientes, endureciendo las penas previstas por tráfico y consumo. Cuando tal legislación no existiera —como era el caso de India, Persia o Afganistán—, les urge a crearla.

Enemigo número uno de su nación, Nixon declara que la desobediencia farmacológica es una peste comparable a la Muerte Negra del medievo. El mundo sigue por entonces sumido en la Guerra Fría, desgarrado entre amigos y enemigos del comercio, aunque comunistas, capitalistas y subdesarrollados están por una vez de acuerdo, y el elenco de Estados que castigaban a este desobediente con pena de muerte pasa de casi ninguno a casi cuarenta. El resto de los países, un conglomerado donde España destaca por la negativa de su judicatura a criminalizar el mero consumo, se suma sin vacilaciones a lo único eficaz de la Convención. A saber: que los laboratorios y farmacias recortarán su oferta de modo sustancial, otorgando al mercado negro condiciones de monopolio.

La nueva ley mundial cambia el orden vigente en cada país por una organización que descarta improvisaciones y particularidades, sin dejar de inaugurar un nuevo orden espontáneo donde aumenta la distancia entre intención y resultado. Por ejemplo, ahora empieza a suceder que son ante todo los jóvenes quienes consumen drogas, y que cofrades de la aguja se prostituyen para conseguir su dosis, o roban y atracan, como infundada aunque precozmente temieron los reformadores norteamericanos en 1914. Algo que sólo resultaba problemático en marginales indigentes se ha generalizado a todos los niveles de renta. Heroína y cocaína recuperan la demanda al mismo ritmo en que disminuyen sus análogos de farmacia, y el cáñamo o la recién ilegalizada LSD son los favoritos del contestata rio, que denuncia la cruzada como iniciativa pseudocientífica, cuyo remedio sólo puede agravar la enfermedad.

Autoorganización en fase de desequilibrio. Siguen unos treinta años de guerra sin cuartel, durante los cuales las directrices norteamericanas ante antiguas y nuevas drogas van siendo imitadas por la comunidad internacional con la excepción de Holanda y Suiza, pues —sin perjuicio de suscribir como Estados las convenciones internacionales— todos o algunos de sus municipios se inclinan por la reducción de riesgos (harm reduction) como política. El radicalismo de los 60 no sobrevive más allá de una generación, y buena parte de quienes gritaron «prohibido prohibir» mueren por sobredosis voluntarias o, más a menudo, envenenados por adulterantes. Pero entretanto se han incorporado a la desobediencia innumerables personas de todos los continentes, y la implicación en drogas pasa a ser la causa principal de arrestos y condenas a lo largo del planeta, acompañada por un auge paralelo en delitos contra la propiedad y las personas, que perpetran adictos o gentes acogidas a esa coartada.

Norteamérica, único país con experiencia en este nuevo tipo de criminales, alcanza pronto el millón de reclusos. Los demás Estados hacen frente al crecimiento exponencial de represores y reprimidos con distintas respuestas, entre ellas la corrupción. A finales de los 80 la ONU declara a través de su Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) que Colombia, Birmania, Afganistán, Marruecos y una veintena más de países producen o distribuyen en masa drogas ilícitas, alimentando un negocio calculado a la gruesa en medio billón de dólares anuales, y que la banca de todo el mundo está comprometida con el lavado de ese dinero. La JIFE omite aclarar que el denominador común de los países corruptos es cumplir estrictamente las directrices emanadas de ella misma, castigando el tráfico con pena de muerte o reclusión perpetua. En la práctica, el rigor penal sanciona monopolios repartidos entre militares y policías.

Para entonces una Narcotics Division fundada con trece inspectores se ha convertido en Drug Enforcement Agency o DEA, único organismo civil norteamericano con más empleados que la CIA, cuyo director modifica la política previa de erradicar la oferta por una guerra defensiva o de atrición: la meta será conseguir que las drogas se hagan insufriblemente caras y adulteradas. Uno a uno los traficantes aspiran a maximizar beneficios así, pero no tener competidor ha hecho que el mercado negro acabe siendo competitivo, y esos productos revelan ser los más inmunes a la inflación. Paralelamente, vigilar, castigar y promover abstinencia engendra un flujo de pagos que no tarda en ser comparable al flujo de ingresos derivado del tráfico ilícito, empleando a millones de personas por toda la superficie del orbe, mientras el traficante de lo prohibido aprovecha una demanda creciente para introducir la racionalización conocida como «diseño».

Un momento memorable de este proceso ocurre en la primavera de 1985, cuando el Comité de Expertos de la ONU se reúne para decidir qué hacer con la recién surgida MDMA o éxtasis. El orden del día incluye testimonios de psiquiatras y farmacólogos favorables a que la sustancia entre en la Lista II o en la IV —junto a productos como la codeína o el Valium—, sin que durante el periodo de sesiones se presente un solo informe técnico en contrario. Parece inminente que la sustancia entrará en un régimen de fabricación legal y dispensación más o menos controlada, pero los Expertos deciden que ingrese en la Lista I (drogas carentes de uso médico alguno, como heroína, LSD, cáñamo, etc.), y zanjan el dosier de estudios sobre su utilidad terapéutica diciendo que «el Comité insta a las naciones […] a facilitar la investigación de esta interesante y sugestiva (intriguing) sustancia».

No hay investigación posible con drogas de la Lista I, desde luego, y el desconcierto de los profesionales convocados a esa XXII Reunión lo zanjó un observador tan influyente como el jefe de la DEA en ese momento, F. Sapienza, que explicó a la prensa: «No se prohíbe una droga porque sea nociva, sino porque muchos parecen estar deseando tomarla»5. En efecto, muchos deseaban probarla, y la probarían, pero no iba a ser en las consultas de psicólogos y ase sores familiares previstas por algunos de los participantes en la XXII Reunión. El tráfico ilícito añadió a su elenco la droga con más éxito de las últimas décadas, consumida desde entonces por jóvenes y menos jóvenes lo mismo en una playa balinesa, tailandesa o vietnamita que en discotecas y hogares de climas templados y fríos. Cara y pura al principio, barata y adulterada después, era la alternativa más contundente al modelo de esparcimiento representado por la combinación de cocaína y alcohol, e ilegalizarla no iba a cambiarlo.

Cuando el éxtasis empiece a hacer furor en círculos juveniles la prohibición se descubre combatiendo en realidad a la inventiva química, un adversario estimulado por el beneficio y la rebeldía. El mercado negro se adapta a ese cambio, y desde entonces ofrece mercancías capaces de insertarse en los huecos precisos de la vida contemporánea, con alternativas a los productos tradicionales que atienden simultáneamente su interés y el del consumidor. Llega la hora del diseño, que incluye entre sus hallazgos el haschisch marroquí, el crack, la pasta base, la amplia gama de «pastillas», la ketamina, los fentanilos de mercado negro, el llamado éxtasis líquido o el cáñamo hidropónico. Estoy seguro, por lo demás, de que se me escapan los últimos descubrimientos de la imaginación ilegal. Estas sustancias tienen en común no ser los originales, cuya ausencia se siente con mayor o menor nostalgia, pero se adaptan mejor a grupos, subgrupos, franjas horarias y hasta espacios momentáneos.

Los improvisados cocineros, en algunos casos grandes químicos como Alexander Shulgin, ofrecen sus hallazgos e igual aparece el sedante llamado porro de marroquí que miles de fenetilaminas y triptaminas, parientes más o menos lejanos de la MDMA. El trabajo supertécnico de proyectar una nueva droga va de la mano con adaptaciones prosaicas de las existentes y nuevos usos, como servirse de un anestésico disociativo para terminar el after-hours o multiplicar el THC del cáñamo mediante una agronomía avanzada. Hay bastantes personas a quienes el THC sume en «mal rollo», y a su demanda atiende quien lo transforma en cannabinol (CB) —sencillamente secando la marihuana al sol—, pues ofrece un haschisch que no «coloca» como sus variantes clásicas pero cumple las mismas funciones coreográficas y tiene cierta psicoactividad.

La era de diseño-sucedáneo trae una normalización y estandarización en lo prohibido, que insensiblemente va incorporándose a ritos juveniles de pasaje y alimenta el cada vez más democrático Fin de Semana. Inconcebible una generación antes, la costumbre de festejar a fondo todos los viernes y sábados sería el colmo de la frivolidad si no hubiese llegado a ser también un foco destacado de actividad económica, y la concreta avenida de socialización abierta por el desahogo. Las sociedades contemporáneas están en los antípodas del ascetismo, y que el festejo sea siempre ceremonia atrae como un imán a cualquier droga que compre intensidad o resistencia. Los poderes desinhibidores del alcohol le han conferido tradicionalmente un papel capital en las celebraciones, pero como éstas se han multiplicado, prolongado y diversificado, lo indeseable de sus efectos secundarios trae a colación una gama cada vez más amplia de complementos y alternativas.

La cocaína, por ejemplo, permite enmascarar la estupefacción etílica con cierta coordinación muscular, y un notable sector de la disco se decanta por esa mezcla. Otro sector de los festivos toma sólo pastillas y agua. Un tercero practica quizá una variante más heroica, con drogas visionarias. Un cuarto empieza por pastillas, y si no encuentra ketamina o algo análogo para recortar su festejo termina recurriendo a alcohol y cocaína. Un quinto bebe poco, fuma algo de cáñamo y quizá se administre un opiáceo. Un sexto… Esas docenas de millones de personas no son gánsteres o queridas suyas, sino más bien muchedumbres afectas a una especie de baile de san Vito, y contemplando esa espiral de consumo buena parte de la policía y la judicatura dejan de apoyar el prohibicionismo desde finales de los años 80.

Por entonces una sostenida moda de debates televisivos sobre drogas acaba mostrando que la postura reformista podría derrotar a la continuista —incluso por amplio margen— si se convocaran referendos locales y nacionales. Por otra parte, las encuestas del momento coinciden en que las drogas son la primera causa de alarma pública, y ningún Gobierno arriesga el desgaste de intervenir en algo donde intereses, delirios persecutorios y entusiasmos maníacos han llegado a formar una madeja inextricable. La moda de discutir sobre drogas dio paso a debates televisivos sobre cualquier otro tema —con el mismo esquema de un público que aplaude o abuchea a contertulios demasiado numerosos para examinar asunto alguno—, pero aproximadamente cuando esos programas se eclipsaron desapareció también la posibilidad de afirmar sin mucha hipocresía que en España y gran parte de Europa el aparato institucional seguía en pie de guerra farmacológica.

Más bien al contrario, cuando la cantidad y variedad de productos demandaba el recrudecimiento de las hostilidades, el aparato represor empezó a ceder fondos para campañas doctrinales, subvención de estudios sobre nocividad de tal o cual sustancia ilícita, burocracia terapéutica y secciones de rehabilitación. Los adolescentes serían acosados con multas y requisas por las policías municipales, pero los detectives y juzgadores estaban dejando de sentir el odio/lástima de otros tiempos hacia usuarios ocasionales y adictos, cosa equivalente a ir percibiendo la cruzada como un gasto a fin de cuentas inútil.

Así, sin que nadie en particular lo propusiera, la cruzada se contrajo cuando le tocaba multiplicarse, y desoyendo las recomendaciones de la ONU empezó a conformarse con guardar las formas. Tampoco tenía otro modo de reaccionar ante algo tan absurdo desde sus presupuestos como que los puntos de venta se multiplicasen sin elevar la proporción de sobredosis, uno entre otros indicios de que el adepto a paraísos artificiales desarrollaba mecanismos autónomos de aprendizaje e iba haciéndose cada vez menos conflictivo. Siendo imposible frenar la espiral de usuarios y abastecedores, encarcelar a una fracción resultaba discriminatorio y la judicatura insistió en que se persiguiese sólo el gran tráfico; pero eso dejaba intacta cada trama local y olvidaba que el gran tráfico sólo existe con apoyos y cebos policiales, y que ninguna captura se consigue sin perdonar otras. En definitiva, el llamado imperio subterráneo seguiría creciendo y campando por sus respetos, demostrando una vez más que la vitalidad de órdenes inconscientes o autoproducidos desborda siempre los recursos arbitrados por cualquier designio de una voluntad particular.

A esta causa general se añaden variables tan diversas como la capacidad para «cocinar» y cultivar en cualquier domicilio, el salto en capacidad adquisitiva de jóvenes y adultos, un colapso del estigma social que acompañaba a los productos ilícitos y la sensación de impotencia que cunde en los encargados de conseguir un mundo sin drogas. A mediados de los años 90 en España y en toda la UE —salvo Irlanda— las drogas ilícitas son más baratas y hasta en algunos casos más puras que hace dos décadas. Unas porque pueden cultivarse en casa (como marihuana, hongos psilocibios y toda suerte de plantas), otras porque no es tan difícil sintetizarlas con algún equipo (como el éxtasis y sus centenares de primos, la LSD o el speed), y otras porque la demanda basta para sufragar sofisticadas exportaciones desde América o Asia (como heroína y cocaína).

Paralelo a estos cambios es que la desobediencia civil del usuario y el adicto envereden por caminos de ilustración farmacológica, con la «psiconáutica» (Jünger) como respuesta a la destructividad y marginación que alcanzaron su auge en los 70 y 80. Revistas con un público comparable al de sus equivalentes sobre moto, pesca o cotilleo político, libros, congresos, asociaciones y tiendas especializadas corresponden a la emergencia de un consumidor que adopta actitudes observantes, como la del entomólogo o el astrónomo, más próximo al catador de vinos que al borracho. Aunque los psiconautas no estén para nada a cubierto de insensateces subjetivas, un horizonte que se limitaba a cruzados y rebeldes parejamente ingenuos acoge también algo más próximo al principio grecorromano de la sobria ebrietas.

Incluso el monstruo creado por el doctor Frankenstein farmacológico, el yonki, ha asumido hace más de una década el cambio, abandonando espontáneamente su «pico» para recurrir a modos alternativos y menos peligrosos de administración. Han desaparecido los adictos que atracaban farmacias o a simples transeúntes con una aguja supuestamente seropositiva, y aunque haya muchos más usuarios de productos ilegales, la sobredosis se ha ido haciendo infrecuente hasta dejar de figurar en las estadísticas ofrecidas por el Plan Nacional. Si lo miramos algo más de cerca, el apaciguamiento de los más problemáticos depende en buena medida de poblados que en España gestionan familias gitanas y han surgido en las afueras de cada urbe.

Visitar uno —como el madrileño de Barranquillas, recién desplazado a la Cañada Real— nos ilustra sobre algo sostenido a partes iguales por mano izquierda y harm reduction, pues tras la desolación de topar con un público básicamente desdentado y harapiento, observaremos también un movimiento de compradores indiscernibles del ciudadano normal. Varios coches de policía vigilan entradas y salidas, una unidad municipal de venopunción regala jeringas y agujas, y un autobús dispensador de metadona se apiada de quien no tenga efectivo. Día y noche, en cada caseta el tablero que hace las veces de mesa contiene tres bolsas de plástico y otras tantas balanzas para dispensar heroína, cocaína y crack. El vendedor o vendedora, que exige silencio en el interior, sólo quiere escuchar del cliente cuánto quiere de qué, y al visitar más de una caseta percibimos que los subhumanos ubicuos por los alrededores tampoco son los adquirentes mayoritarios. La clientela de aspecto normal viene atraída por el hecho de que la rivalidad entre familias suele asegurar el producto más barato y menos adulterado de cada ciudad.

El mañana actual. Aturdidos por el hedor de un descampado sin inodoros, respiramos con profundo alivio al dejar atrás esa penúltima metamorfosis del drama, un supermercado que evoca lazaretos medievales sin perjuicio de cumplir funciones complejas. Los usuarios controlados acceden a drogas en otro caso más castigadas por el monopolio, y los incontrolados disponen de un área donde pasar buena parte del día entre iguales, e incluso alquilan tiendas de campaña para acampar una temporada. Ofende a los sentidos, pero cada ayuntamiento sabe hasta qué punto cada centro podría ir desplazándose sin desaparecer, y que su existencia recorta de modo sensible la criminalidad colateral y la venta callejera. Dentro de lo bochornoso, es lo que hay mientras farmacias y otros dispensarios legales no dispongan de oferta alternativa.

En 2007 la Junta de Andalucía hizo públicos los resultados de observar varios años a dos grupos de control, uno mantenido con metadona y otro con heroína farmacéutica. El ensayo demostró que quienes reciben la droga considerada infernal están más sanos y dis puestos a trabajar que quienes reciben su supuesto antídoto, un resultado nada imprevisible. En efecto, la metadona es un compuesto más tóxico aún y sin virtudes eufóricas, solamente muy adictivo. Quien pretenda usarla de modo crónico debe añadirle Valium, alcohol, coca, litros de café y por supuesto heroína, mientras el heroinómano tiene bastante con su droga. Es, pues, más compasivo para con estos adictos y apoya más su reinserción social administrarles heroína que metadona. Por ahora, sin embargo, los acogidos al programa sólo reciben la droga intravenosamente —algo anacrónico para la mayoría de los yonkis—, porque esnifar el producto o aspirar el humo producido al calentarlo no son vías de acceso admitidas por los protocolos médicos.

Aun tropezando con resistencias desde el principio, la cruzada ha cumplido buena parte de lo que pretendía en su país originario y en el resto del mundo, demostrando sobradamente su energía. Como la causa del Che Guevara, llamada a seguirse «hasta la victoria, siempre », no es una escuela ética, médica o jurídica, sino una amalgama de religión y política inasequible a la duda y el desaliento. Sir ir más lejos, ha mantenido inalterado su criterio ante situaciones tan distintas como la inicial —un planeta regido por reglas laxas y particulares— y la actual, donde reina una regla única muy estricta y el imperio subterráneo crece a sus anchas. En alarmas como éstas el peligro proyectado sobre otros mide también el temor de cada cual a sí mismo, pues ¿qué sentido tiene ponerse fríamente a reflexionar sobre consecuencias a medio y largo plazo de tal o cual actitud cuando el paraíso artificial tienta hasta los líderes, a cualquiera?

Como en otras empresas coactivas sublimes, la voluntad gobierna el intelecto presentando los reveses como acicates y las objeciones como deserciones. Está preparada tanto para clamar sola en un desierto como para dirigir con mano firme la conducta de todos, y la única forma que tiene el tiempo de influir sobre su decisión es ir desplazando gradualmente el escándalo/angustia hacia otros núcleos de alarma. Los argumentos convencen a quien puede pensar sin miedo, no al que percibe en «la» droga una epidemia, y el estado de cuarentena sólo va remitiendo a medida que el objeto supuestamente extraño va infiltrándose por contacto. En las reuniones a puerta cerrada del Comité de Expertos puede estar sobre la mesa un informe sobre la incómoda situación de una medicina arrastrada a combatir a la imaginación química, mientras legiones de rebeldes se burlan de todas sus recomendaciones. Pero ha sido un fenómeno de familiarización o convivencia el factor decisivo, a mi juicio, para que la guerra sin cuartel desembocase en silencioso armisticio.

De hecho, el tabaco —que durante los últimos siglos fue la única droga adictiva no perturbada— ha pasado a aprovechar los derechos adquiridos por otras drogas, inaugurando un tipo de cruzada light que tantea la tolerancia de una minoría tan amplia ante la inmiscusión estatal. Es una manera de insinuar hasta qué punto la democracia liberal puede acoplarse con las bases del Estado Clínico (Szasz), y sólo el tiempo dirá si fabricantes y usuarios seguirán tolerando que sus pertenencias carguen con lemas e imágenes grabados sin su consentimiento ni indemnización, o una discriminación que confiere al tercio de los adultos la undécima parte —o sencillamente nada— en espacios públicos. Si la restricción creciente al fumador no topase con resistencia civil, el «por su bien» podría extenderse nuevamente a la caza de polvos, pastillas y otros productos no odoríferos, y quizá devolver una adhesión más amplia al resto de la cruzada.

Cuando empecé a tomar notas y acumular bibliografía sobre historia de las drogas estaba en mitad de la cuarentena. Ahora me acerco a los setenta, y quizá el lector se preguntará si el paso del tiempo me ayudó a cambiar de criterio en esto o lo otro. Desde luego, si volviese a escribirlo le quitaría una indignación mejor o peor contenida, que añadiendo obviedades lastra el rigor expositivo. No he cambiado de idea, por lo demás, sobre las cruzadas en general y ésta en particular: siguen pareciéndome explosiones de paranoia colectiva, tanto más crueles cuanto que siempre cumplen lo mismo —imponer la estrategia de chivos expiatorios— al amparo de diversos pretextos. El sustrato reptiliano de nuestro cerebro le sirve de apoyo, apartando más o menos duraderamente nuestra apuesta por una libertad responsable como presupuesto de cualquier vida civilizada.

Eso no quiere decir, por supuesto, que nuestra relación con el arsenal de sustancias psicoactivas pueda superar en beneficios a los per juicios sin poner nosotros al menos tanta cautela, amor propio, arte y respeto por los demás como demandan otras esferas de la conducta, ni que el futuro sea fundamentalmente halagüeño y excuse nuestra atención. Ser padre de siete hijos, de los cuales seis están entre los 15 y los 40 años, y sentirme orgulloso de todos ellos, no evita que la campanilla del teléfono estremezca si suena de madrugada en fin de semana, cuando se concentran los percances de carretera. Con una capacidad adquisitiva que nunca tuvo, la juventud prolonga algo análogo al jolgorioso entierro de la Ley Seca, como si una especie de mutación permitiese ingerir cantidades y variedades de drogas capaces de incapacitar temporal o permanentemente a buena parte de mi generación. La familiaridad lleva consigo eso, pero la vida ha ido haciéndose cada vez más laboriosa, y ensanchar el margen de seguridad —la proporción entre dosis activa y letal— no ha movido un milímetro el margen de aceptación social, más implacable que nunca a la hora de castigar a quien pierde el tiempo o cree poder intoxicarse sin pagar la correspondiente factura.

Dentro del gregarismo generalizado, Holanda destaca como un oasis de cordura. Al separar el cáñamo de otras drogas evitó en los 70 enajenar la confianza de sus jóvenes, como hacen los Gobiernos cuando lanzan al mismo saco infernal cualquier droga distinta del alcohol, el tabaco y los productos de farmacia. Más adelante montó laboratorios móviles para detectar adulteración en drogas distribuidas por discotecas, after-hoursraves, prosiguiendo su política de mitigar riesgos con realismo. Sus ayuntamientos fueron también pioneros, como algunos suizos, en la dispensación de heroína como alternativa a la metadona, o en la disponibilidad controlada de LSD. En ningún país hay una oferta de drogas comparable, y ninguno tiene menos adictos de los clasificados como irrecuperables. Con mano izquierda ha convertido la marihuana que en Malasia y otros países desempolva la horca en un negocio básicamente tranquilo, del cual viven incontables familias, fuente de un turismo que aprovecha a todos. Para acabar de desconcertar al cruzado, milcoffee-shops con refinadas ofertas de cáñamo y haschisch mantienen ese consumo en un nivel sensiblemente inferior al español, e incluso al italiano e inglés.

Quizá el progreso técnico sea inseparable de una psiconáutica en aumento, que al ensanchar el espacio interior compense el paulatino recorte del exterior, instado por la presión demográfica y el precio del suelo. Tampoco es improbable que drogas por descubrir lleguen a ser obligatorias en ciertas circunstancias, como ahora lo es el cinturón de seguridad. En todo caso, nuestros hijos desoyen el sermón prohibicionista, cuya presencia resulta por eso mismo contraproducente. Cuando hablamos de prevención sin sabotaje será para ofrecer guías de uso, no de abstención. En efecto, a nadie se impone hoy la ebriedad con esto o lo otro, y huir de infortunios evitables pasa por sentar conocimientos en vez de prejuicios. El desafío del momento es que la política de harm reduction no sólo se aplique a minorías castigadas por marginalidad económica o psicológica, sino al conjunto de las personas que por una razón u otra se desvían del menú farmacológico oficial.

Seguir haciendo que ese millar de millones de individuos no tenga acceso al control de calidad vigente para farmacias, estancos y supermercados multiplica los peligros del objeto nominalmente prohibido, accesible en la práctica sin dificultad alguna pero especial por incluir las únicas cosas del mundo donde sola dosis facit venenum. Tras décadas de guerra orientada a redimir almas secuestradas por drogas infernales, imaginar que el descomunal mercado negro podría reconducirse a la transparencia sin mediaciones hoy incalculables es adherirse a un acto tan mágico como limpiar el planeta de drogas ilícitas. Mientras la historia real vaya roturando aquellas sendas eventualmente decisivas, la compasión dicta a mi juicio ir sustituyendo el experimento eugenésico de la cruzada por una razón empírica u observante, aligerada de fábulas. Lo turbador del caso es que se nos llevarán los demonios si no enseñamos a dosificar con ingenio, como intentamos enseñar las profesiones, cuando ese arte pende de tener claras cantidad y pureza.

El experimento prohibicionista no ha conseguido disuadir a usuarios, limitar los puntos de venta o siquiera encarecer lo ilícito. Pero ha logrado espesar la bruma que rodea a cada composición, y por eso mismo ha acabado siendo el principal aliado de su aparente adversario, el traficante desaprensivo.

NOTAS

1 Apéndice añadido en 2008.

2 Véase antes, pág. 1161.

3 Tomo el dato de mi hijo Román, actual cónsul adjunto en el país, movido a hacer gestiones frenéticas para que su acompañante —un hijo de dos años— pudiera repatriarse al poco. En la Embajada se da por seguro que la madre cumplirá esa pena íntegra si sobrevive, pues en las cárceles dominicanas cualquier dieta sana debe pagársela el recluso.

4 Sesenta semanas en el trópico, Anagrama, Barcelona, 2003.

5 Véanse antes, págs. 1022-1029.

© Antonio Escohotado

Historia General de las Drogas. Veinte años despues.
http://www.escohotado.org

CANNAMEX – Movimiento Cannábico Extremeño

Cannamex ya está en funcionamiento en la web.

Cannamex es una asociación de consumidores y usurarios de Marihuana que nace hoy en Extremadura con el objeto de normalizar el consumo del cannabis en la sociedad, abogando por la no prohibición y defendiendo los beneficios de la misma.

Este colectivo cannabico antiprohibicionista reivindica el empleo medicinal y lúdico de la Marihuana, desde el convencimiento que se trata de una hierba más que, consumida de un modo responsable y dosificada, aporta beneficios a enfermos que padecen dolencias como esclerosis, glaucoma, cáncer, anorexia, depresión, entre otras patologías.

Cannamex es una asociación que cuenta con una veintena de socios y que se organiza de manera asamblearia. Actualmente trabaja en la elaboración de informes con el objeto de contribuir a la difusión de estudios y novedades que surgen en torno al Cannabis en ámbitos como el social, jurídico, sanitario y económico.

En su corta existencia, Cannamex ha contactado con enfermos a los que prescriben cannabis y médicos que nos han trasladado la necesidades que tienen en su áreas y a las que no da respuesta la sociedad. Esto demuestra que Cannamex es un colectivo necesario, que no dudará en contribuir aportando ideas y proyectos ante el vacío existente por el bienestar de los ciudadanos.

Visita la web de Cannamex.

Los peligros del nuevo éxtasis [2C-I]

Visto en La Razón.

Varias pastillas de un nuevo estupefaciente han sido detectadas por primera vez en España. Pese a que la 2ci es una sustancia que circula en el mundo de la droga desde 1999, distribuida normalmente en forma de polvo, durante el pasado mes de diciembre se ha observado por primera vez su comercialización en forma de comprimidos. En varios países como Reino Unido y Australia, se presenta como una sustituta del éxtasis. En España los expertos hablan de una nueva droga de síntesis y la consideran una mezcla entre el éxtasis y el LSD, vulgarmente conocido como «tripis».

«Su composición exacta se desconoce, ya que la mayoría de las veces está mezclada y manipulada con otras sustancias», explica Gloria Cordeiro Crespo, experta en drogodependencia del Centro Integral de Tratamiento de Drogodependencia (CITD) de Alcázar de San Juan, (Ciudad Real). «Son drogas fáciles de crear y los creadores de ellas van muy por delante de los laboratorios», concluye Cordeiro.

Son pocos los casos conocidos hasta el momento de personas que hayan consumido este tipo de droga, ya que «es una sustancia difícil de detectar en la sangre, sólo se puede conocer mediante una mezcla con elementos reactivos que poseemos en centros especializados», expone Fernando Caudavilla, médico de familia y asesor de la asociación dedicada a la prevención de drogas, Energy Control. Aun así los expertos advierten de que «esta sustancia en cantidades altas puede producir fallo renal, coagulación e incluso la muerte», asegura Cordeiro.

Sensación de «subidón»

Desde CITD advierten de que además del peligro del consumo en general de esta sustancia «esnifar este tipo de droga de síntesis puede tener efectos tóxicos muy altos, tres veces más fuerte que tomándolo de otra forma». Los efectos conocidos hasta el momentos son sensación de «subidón» o adrenalina, boca seca, efectos socializantes y sobre todo alucinaciones. «Sus propiedades psicodélicas pueden someter al que lo consuma a trances profundos», comenta Caudevilla. Los efectos de este nuevo éxtasis comienzan a los 45-75 minutos de la ingestión y permanecen en el cuerpo humano alrededor de seis a diez horas. La toxicidad de esta sustancia no está todavía muy clara, según Energy Control hay informes que sugieren que no provoca dependencia, ya que son drogas usadas de forma lúdica y en ocasiones especiales, no diariamente.

Antecedentes

Esta nueva droga fue sintetizada por primera vez por Alexander Shulgin, un farmaceútico, químico y promotor de drogas psicoactivas estadounidense. En países como Reino Unido y Holanda es conocida como «droga del baile» o «clubbing»

La 2ci posee propiedades estimulantes y psicodélicas, particularmente de tipo visual en forma de patrones geométricos. Se ha comercializado por la red de forma legal hasta el año 2003, año en el que la Unión Europea la ilegalizó. A pesar de ello, esta sustancia no está especialmente controlada, ya que se encuentra al alcance de cualquiera y su consumo continúa en discotecas, ya sea en forma de polvo o de pastillas.

Spannabis 2011

LUGAR DE LA FERIA
Fira de Cornellá, Barcelona (España)
FECHA DE LA FERIA
25, 26, 27 de febrero de 2011
HORARIO DE LA FERIA
de 11,00 a 20,30 Horas – Domingo de 11,00 a 20,00 horas

PRECIO DE ENTRADA
15€ (IVA incluido) – Abono 3 días 40€
Sorteamos 3.000 libros de «Cogollos Vol. 3» con tu entrada

DE INTERES
Para mayores de 18 años.

COMO LLEGAR Y QUE HACER
Fira Cornellá – ¿Qué hacer en Barcelona?