El museo del hachís

Europa está en plenas vacaciones de verano, y tanto sus ciudades como sus playas están plagadas de turistas. Para su decepción, muchos visitantes de la capital holandesa han comprobado que dos de los principales museos de Ámsterdam están cerrados por reformas, y exhiben sólo una pequeña parte de sus colecciones. Pero la ciudad cuenta con otros muchos, pequeños museos, a menudo frutos de coleccionistas obsesivos, que merecen una visita del turista curioso o aventurero.

Entrada el Museo del Hachís, en Ámsterdam. Foto Louise Dunne El museo del Hachís, en Ámsterdam, o, para llamarlo por su nombre completo, el Museo del Hachís, Marihuana y Cáñamo, se encuentra en uno de los canales que recorren el llamado barrio rojo de la ciudad. A dicha zona central acuden turistas de diferentes las edades y nacionalidades, atraídos por su reputación como puerto de fácil acceso a sexo y drogas. Sentado en una cafetería junto a un canal, Ken Johnson, gerente del museo (o encargado del museo de la planta, como él mismo prefiere llamarse), ya ha advertido que las drogas blandas no son en absoluto legales en Holanda, aunque la mayoría de los extranjeros piensen lo contrario.

El comercio de este tipo de drogas está muy estrictamente controlado para prácticamente todo el mundo, excepto para los ´coffee shops´. Estos establecimientos pueden disponer de una pequeña cantidad, cuya procedencia está rodeada de cierto misterio legal. Además, los usuarios comunes pueden poseerlas en cantidades muy pequeñas».

Parece paradójico que los ´coffee shops´ puedan existir y vender marihuana pero que su abastecimiento sea ilegal. Ken califica esta situación como la intersección entre leyes sanas de estupefacientes y las obligaciones insanas internacionales. Así mismo, señala que el enfoque holandés del tema ha resultado en un menor índice de uso de cannabis, nombre científico de la planta, que en la mayoría de países occidentales, incluso en los que han adoptado una actitud draconiana ante la droga.

En el mismo museo, la tienda, donde se vende semillas de cáñamo, está haciendo su agosto, y los turistas, en su mayoría jóvenes, hacen cola a sus puertas. Es un espacio pequeñísimo, en el que se expone, entre otras cosas, la historia del cáñamo y sus usos prácticos. Ken explica cómo lo que un día fue cultivo vital hoy se ha convertido en una sustancia ilegal.

«La prohibición del cáñamo es una acción increíblemente irracional, relacionada, básicamente, con el racismo, el control social y los monopolios industriales. Desafortunadamente, el cáñamo es tan útil que incluso es una medicina utilizada por negros y mexicanos, lo que facilitó su prohibición. La palabra ‘marihuana’, que procede de México y en 1920 equivalía a ‘terrorismo’, fue creada para inhibir los pensamientos de las personas. Todo el mundo sabía qué era el cáñamo y si el Congreso hubiera intentado prohibirlo, la respuesta habría sido muy distinta, razón por la cual lo rebautizaron como marihuana».

En la trastienda del museo, los visitantes se arremolinan en un pequeño cuarto. El olor a cáñamo es intenso y, protegido tras una mampara de cristal, se puede apreciar un generoso cultivo de frondosas plantas de cáñamo. Los visitantes aplastan sus narices contra el cristal y llenan la estancia con comentarios de admiración en multitud de idiomas.

El museo tiene muestras de cervezas, libros, tiras cómicas, ropa, juegos y música, todo ello inspirado por las aplicaciones recreativas del cáñamo. No obstante, Ken insiste en que la planta no se cultiva exclusivamente para la diversión, pues tiene valor nutritivo y ecológico, además de una amplia gama de usos medicinales. El único problema es que es ilegal.

¿Cómo, entonces, adquirió tan mala reputación esta planta aparentemente tan maravillosa? Ken está convencido que se trata prácticamente de una conspiración tras décadas, casi un siglo, de desinformación basada en la debilidad científica. «Existe un curioso paralelismo entre los movimientos contra la masturbación, de finales del siglo XIX y principios del XX, cuyos partidarios estaban armados con incontables datos estadísticos para demostrar que el onanismo causaba locura. Se puede establecer asombrosos paralelismos con el movimiento anti-cáñamo. Es algo moralmente malo, sin más, e intentan explicártelo con razones inconsistentes. Pero si se observa los datos de manera neutral, la conspiración encaja muy bien».

No hay duda de que Ken Johnson conoce el tema, pero para la mayoría de los visitantes del museo, la historia del cáñamo y su vasta variedad de usos no son tan importantes como ese cuarto iluminado lleno de tupidas plantas. Legal o no, sólo hay una forma de cáñamo que interesa a la mayoría.

Vía: Radio Nederland

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