Entregan a Güemes jeringuillas para denunciar "supermercado de la droga"

Una decena de voluntarios de la parroquia de Santo Domingo de la Calzada, ubicada en la zona de Valdemingómez, en la Cañada Real, acudieron hoy al registro de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid para hacer entrega de un centenar de jeringuillas como símbolo de la situación que viven allí cada día en la zona, convertida en un «supermercado de la droga», pese a la presencia de niños y personas mayores.

Aunque tuvieron problemas para poder entregar su «regalo» al consejero de Sanidad, Juan José Güemes, los voluntarios pudieron desplegar una pancarta con el lema ‘De la visibilidad a la dignidad, con derechos humanos’, y mostrar el mensaje de ‘niños y jeringuillas, nunca más’, una imagen que se produce cada día en esta zona, donde viven cerca de 10.000 personas, la mitad de ellas, niños.

Uno de los sacerdotes de esta parroquia, conocida por su actividad educativa y social constante en la Cañada, Eubilio Rodríguez, explicó que cada día recogen «cientos de jeringuillas» alrededor de la parroquia, «un lugar donde van los niños a hacer actividades culturales». Y, sin embargo, aseguró que los servicios de limpieza no lo tienen en cuenta y no actúan de forma regular. «De vez en cuando hacen alguna actuación pero no de forma regular», destacó.

El primer problema de esta situación es el «mal ejemplo» que supone esto para los niños que van a la parroquia y, además, por otro lado, alguna vez, algún niño ha tenido que ser atendido porque ha pisado alguna y ha sido peligroso. «No ha habido nada trágico pero no porque no haya podido suceder», apuntó el sacerdote, quien señaló que las administraciones hasta ahora han mirado «a otro lado» pese a algunas medidas de los últimos años.

Todo esto, en opinión de los voluntarios, son cosas «urgentes que no admiten demora»: la «impresentable» situación del tráfico de droga, de la gente que va a allí a consumir y a comprar, la de muchos niños que no están escolarizados, o la de gente mayor que no tiene acceso a servicios sociales elementales ante la falta de transporte, y que prefiere no pasar por allí». «Esto está haciendo la vida en Valdemingómez difícil y sin cubrir los mínimos de derechos humanos para esta gente», añadió.

Por su parte, el ex profesor y activista por los derechos humanos, Paco Pascual, recordó que este año España está celebrado el 20 aniversario de la firma de la convención por los derechos del niño, y, sin embargo, en la Cañada Real, los niños «allí no tienen derecho a jugar». «Hay algo que allí se lo impide, son las jeringuillas en el suelo, y un ayuntamiento, una comunidad, un gobierno que no logra imponer el derecho», apuntó.

Y es que, a su juicio, la Cañada hoy no tiene que esperar una ley, sino que tiene derecho «al imperio de la ley», que si no se establece, aseguró, hay muchas personas que seguirán sufriendo la «merma» de sus derechos fundamentales y humanos. En este sentido, indicó que si la solución no llega es porque desde las administraciones públicas no se quiere y «no hay voluntad». «No se puede estar 40 años y mirar para otro lado», agregó.

En la misma dirección, y sin querer pensar que puedan existir conveniencias en este asunto –la razón por la que no desaparece la droga de la zona– Pascual se preguntó por qué las fuerzas de seguridad realizan «eficaces» intervenciones para atajar la delincuencia, y, sin embargo, «esa eficacia no se demuestra con los clanes de la droga que están manifiestamente vendiendo a los ojos de todos y la reparten a toda Europa».

«En algún lugar se tiene que vender la droga, si no Madrid estallaría…», apuntó el profesor, quien indicó que si bien hay enfermos que la necesitan, no pueden estar conviviendo con ancianos, con niños, o con actividades culturales y educativas. «No se pueden quitar las Barranquillas y llevarlo a la Cañada», apostilló.

CARTA A GÜEMES

Junto con las jeringuillas, los voluntarios presentaron, aprovechando el último tramo de tramitación de la ley en la Asamblea de Madrid, un manifiesto por la dignidad de Valdemingómez, que recoge la opinión sobre el asunto firmada por más de 80 entidades madrileñas, desde asociaciones de vecinos, ONG, entidades religiosas, y sindicatos, entre otros. En el documento piden que antes de la desafectación, se tenga en cuenta la situación social que hay en la zona y que se elabore un plan integral de actuación social.

Asimismo, enviaron una carta al responsable de Sanidad madrileño en el que le exponen su situación: «la falta de atención suficiente sobre la población drogodependiente hace que el espacio se llene de inmundicia, jeringuillas, excrementos y restos de basura orgánicos que en lo referente a la posible transmisión de enfermedades infectocontagiosas».

Ante esto, proponen el traslado de la «ubicación» de los drogodependientes a un aérea aislada de la población así como la instalación de una sala de venopunción y de todos los recursos asistenciales anejos a la misma. «Es incomprensible que en Las Barranquillas, donde el volumen de venta y consumo de drogas es infinitamente menor que en Valdemingómez, se mantenga este dispositivo asistencial y no se instale uno a Valdemingómez», apuntan.

También piden separar a los niños de los drogodependientes, instalar los servicios higiénicos y sanitarios dentro de una zona habilitada alternativa a la actual, y ofrecer un tratamiento bio-psico-social para drogodependientes. «No damos por válido el argumento manido de que la población drogodependiente es estructural, residual y poco o nada se puede hacer con ella o por ella», añadieron en la misiva.

En su opinión, sólo queda un «camino» consistente en el desmantelamiento del «narco-hipermercado» y la búsqueda de soluciones de dignidad y calidad de vida para los habitantes de la Cañada, en este tramo, y para las personas dependientes de las drogas allí establecidas. «Es inadmisible que se permita y se tolere una situación como la descrita que haga imposible la vida cotidiana…imaginemos que esto ocurriese en Aravaca o Alcobendas», concluyeron.

Visto en Europa Press.

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