Entrevista a Manuel Guzmán en Eldiario.es

Entrevista a Manuel Guzmán

Manuel Guzmán, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Ciencias Químicas, es el encargado de coordinar el Programa de Investigación en Biociencias: estudio de la Neurofarmacología y el Potencial Terapéutico del Sistema Endocannabinoide, un estudio dirigido a conocer aquellos mecanismos internos que son receptores de las sustancias activas del cannabis y que hacen, por ejemplo, tener hambre. Desde El CRisol hablamos con él sobre la situación clínica del cannabis, su uso como medicamento, el futuro de estas investigaciones y cómo es trabajar en un laboratorio con una sustancia prohibida en España.

¿Cómo es la situación del cannabis y su relación con la medicina en España?

La situación en España es muy parecida a la de otros países de nuestra órbita occidental. Hay un medicamento que está ya aceptado, se llama Sativex. Es un espray oromucosal que lo produce una compañía farmacéutica inglesa que se llama GW Pharma y está aceptado únicamente ahora para los pacientes con esclerosis múltiple, en concreto para  uno de los síntomas que son los espasmos en brazos y piernas. Hay estudios clínicos bastante avanzados para usar este medicamento para otros síntomas de la esclerosis múltiple, como el dolor, por ejemplo, o la nocturia, enfermos que se tienen que levantar muchas veces para hacer pis, y les alivia bastante porque inhibe el reflejo de la micción y pueden dormir más tranquilamente. Luego hay otros estudios clínicos con este fármaco para intentar utilizarlo con otros tipos de dolor, el dolor oncológico, o el dolor posoperatorio.

Hoy en día, por ahora, no está permitido el uso de marihuana medicinal como tal. Es una pena porque es una sustancia que está ahí y se podrían hacer bues preparados a partir de ella, pero eso todavía no está permitido. Digo todavía porque espero que alguna vez se pueda utilizar como se puede utilizar, ahora, por ejemplo, en Holanda o algunos estados de EEUU.

Hay otros medicamentos con cannabinoides que son capsulas de algunos de los principios activos de la planta. Están permitido en Inglaterra o en EEUU y se pueden importar aquí como tratamiento extranjero para el tratamiento de las nauseas y los vómitos  en pacientes de cáncer que están sufriendo mucho con la quimioterapia, o bien para potenciar el apetito y mejorar la ganancia de peso también en pacientes que están tratándose con quimioterapia o que están enfermos de Sida en estadios muy avanzados.  Hay bastantes posibilidades que se están estudiando hoy en día también pero que todavía no están aceptadas en la clínica y vamos avanzando en esto.

La visita a Ciudad Real es para hablar de los receptores cannabinoides en nuestro cuerpo. ¿De qué trata este tipo de estudios?

En realidad voy a contar cómo actúan los compuestos activos del cannabis en nuestro organismo. Me atrevería a decir que igual que cualquier fármaco, droga o cualquier sustancia que ingerimos del exterior los organismos la reconocen a través unas moléculas y unos sensores específicos.

Esos sensores y esas moléculas que reciben a las moléculas externas y también reconocen a nuestras moléculas internas se llaman receptores. Tenemos receptores para la luz, receptores para el olfato, receptores para el tacto, receptores para el gusto, receptores para todo tipo de drogas y fármacos. En el fondo drogas y fármacos funcionan de la misma manera en nuestro organismo, y desde hace 20 años sabemos que nuestro organismo tiene también algunos de estos receptores, algunas moléculas concretas que ligan los compuestos activos del cannabis. Son los responsables de que estos compuestos sean reconocidos por nuestro organismo y produzcan sus efectos. Estos receptores no solo reconoce primariamente a los compuestos activos del cannabis, sino que su función biológica esencial es reconocer, digamos a los compuestos similares al cannabis que producimos nosotros en nuestro organismo. Por eso los llamamos cannabinoides endógeos , es decir, nuestro organismo tiene una serie de moléculas que controlan procesos como el apetito, como el dolor, el reflejo de la nausea y el vomito, y, por tanto, los compuestos de la planta  siendo reconocidos por los mismo receptores imitan los efectos de estos compuestos endógenos y, por tanto, producen los mismo efectos.

Nuestro grupo ha estado trabajando durante aproximadamente 15 años en caracterizar químicamente, en saber cómo son estos receptores de cannabiniodes actúan, qué procesos median en nuestro organismo , si alguno de esos procesos puede tener alguna importancia terapéutica, sobre todo en el terreno de la oncología y en el terreno de la neuroprotección.

¿Cómo se investiga con el cannabis sin que este legalizado en España?

Hay distintas vías. Nosotros no podemos trabajar con preparados de la planta, pero sí podemos trabajar con los compuestos puros. La planta tiene una serie de cannabinoides, de compuestos activos, el más relevante de ellos se llama ‘tetrahidrocannabinol’, y el THC nos lo pueden sintetizar. Lo pueden obtener algunos laboratorios de Inglaterra o Alemania. Tenemos que pedir un permiso especial de importación  decir que el THC va a resultar para esto y para esto,… que no nos lo vamos a tomar nosotros. Y con ese THC podemos trabajar. Hay otros componentes de la planta por ejemplo el ‘cannabiniol’ que lo podemos importar pidiendo la consiguiente licencia de importación de una serie de laboratorios. Nosotros no tenemos plantaciones, en nuestro centro de trabajo, y trabajamos con los compuestos puros o con mezcla de compuestos puros, simulando un poco el fenotipo que tiene la planta.

¿Cuánto de verdad hay en que el cannabis pueda ser beneficioso para la salud?

Lo primero hay que clarificar que cuando hablamos de droga y de fármaco estamos hablando de sustancias que actúan en nuestro organismo por mecanismos absolutamente idénticos y lo que hace que una sustancia sea droga o  fármaco es su utilización con una posología y con un método de administración conocido en un intento de minimizar los efectos secundarios. En ingles, por ejemplo, hay una sola palabra que es ‘drug’ que define tanto las drogas como los fármacos. Las sustancias son las mismas, el THC del cannabis puede ser una droga o un fármaco, igual que la morfina puede ser una droga o un fármaco o el MDMA puede ser una droga o un fármaco en función de cómo se utilicen. El trabajar con estos compuestos lleva a veces sus dificultades. Hay muchas sustancias pero como un cuchillo o la lejía que tenemos en casa todos o sustancias venenosas que manejamos continuamente en los laboratorios que paradojicamente son más fáciles de obtener, de pedir y de comprar a los distintos compañías, que los compuestos activos del cannabis porque están tipificados como sustancias activas de una sustancia ilegal.

Luego sí hay gente que todavía tiene el estigma del cannabis como una droga dura, una droga de la locura que te da  esquizofrenia pero eso creo que por fortuna se está poco a poco borrando. Había muchos políticos, por ejemplo,  y muchos responsables de la investigación, sobre todo clínica, de nuestro país que pueden seguir teniendo esa idea antigua todavía de que la gente que toma cannabis medicinal son drogadictos y que se van a enganchar y van a tener problemas de abstinencia pero eso es absurdo porque todos los medicamentos tienen sus efectos negativos y positivos y al final el balance terapéutico y los efectos no deseados es el que hace que un fármaco sea utilizado o se deje de utilizar. Al margen de que cualquier ciudadano debería ser libre y al tiempo responsable para utilizar su cuerpo y su vida como le venga en gana.

15 años de investigación y sólo hay un fármaco en España permitido. ¿Es un dolor de cabeza para vosotros y la UCM esa necesidad de resultados?

Cualquier investigación biomédica que se empieza en el laboratorio con investigación con células, con animales,… hasta que llega al mercado tiene muy pocas oportunidades de llegar a ser un medicamento, la inmensa mayoría de los compuestos con los que trabajamos nunca van a llegar a ser medicamentos. Muchos se quedan en el camino por cuestiones de toxicidad, de baja eficacia, carestía para su posible comercialización,… hay infinitud de parámetros que hacen que tengan que alinearse muchos astros y hacerse muchos carambolas para que una sustancia pase a investigación clínica y de ahí a medicamento. Nosotros hemos contribuido con otros muchos laboratorios a que este fármaco sea una realidad hoy en día. Y nos gustaría que este fármaco se pudiera utilizar para otras indicaciones que no se utiliza, por ejemplo, estamos interesados en el terreno del cáncer y en el terreno de las enfermedades neurodegenerativas y estamos potenciando todo lo que se pueda la investigación básica y clínica  para evaluar si esta compuesto, este fármaco y otros similares, pudieran utilizarse.

¿Hay un choque entre investigación, Ministerio y médicos a la hora de recomendar estos fármacos derivados del cannabis?

Al final que un medico prescriba o no prescriba un fármaco depende de muchísimos factores pero bueno también hace falta una cierta cultura farmacológica y es verdad que la tradición en nuestro entorno occidental durante los últimos decenios es que hay drogas, que hay sustancias que se asemejan a lo que es una droga, pero claro, el concepto de droga y fármaco es muy laxo y realmente el cannabis se puede utilizar como droga o como fármaco. Ese dilema todavía no queda muy claramente diferenciado en muchas mentes e, incluso, hay muchos médicos muy vehementes y muy buenos profesionales que nos han ayudado un montón a nosotros que trabajamos activamente en este tema. Pero sí hay cierta reacción a lo que todavía se sigue utilizando como una droga de abuso

Posibles destacados:

  • Hay otros medicamentos con cannabinoides que son capsulas de algunos de los principios activos de la planta. Están permitido en Inglaterra o en EEUU y se pueden importar aquí
  • Nuestro organismo tiene una serie de moléculas que controlan procesos como el apetito, como el dolor, el reflejo de la nausea y el vomito, y, por tanto, los compuestos de la planta siendo reconocidos por los mismo receptores imitan los efectos
  • Nosotros no tenemos plantaciones, en nuestro centro de trabajo, y trabajamos con los compuestos puros o con mezcla de compuestos puros
  • En ingles, por ejemplo, hay una sola palabra que es ‘drug’ que define tanto las drogas como los fármacos
  • Nos gustaría que este fármaco se pudiera utilizar para otras indicaciones que no se utiliza por ejemplo estamos interesados en el terreno del cáncer y en el terreno de las enfermedades neurodegenerativas
  • Sí hay cierta reacción a lo que todavía se sigue utilizando como una droga de abuso

Visto en eldiario.es.

Usos terapéuticos del cannabis

El cannabis es una droga utilizada desde hace más de cuatro mil años con fines industriales, terapéuticos, sacramentales y recreativos. A pesar de las sanciones legales que se aplican en todo el mundo por su tenencia o consumo, es la droga ilegal más consumida.

En España el 28,6% de la población entre 15 y 64 años lo ha probado y el 8,7% la ha utilizado en el último mes. En la población escolar entre 14 y 18 años estas cifras son más elevadas (36,2% y 20,1%) A pesar de las restricciones legales que existen sobre su consumo y comercio,  los datos del Plan Nacional sobre Drogas señalan que  el 75,7% de los ciudadanos entre 15 y 35 años creen que les resultaría fácil o muy fácil obtener hachís o marihuana en menos de 24 horas.

1.- Breve repaso histórico…

En el momento actual, los usos terapéuticos del cannabis constituyen una cuestión social y sanitaria de primer orden. Para entender el problema en toda su magnitud, es necesario un breve repaso histórico. La referencia histórica más antigua a los usos terapéuticos del cannabis se encuentra en un tratado chino con más de cuatro mil años de antigüedad (Pên-Tsao Ching), en el que se recomendaba su uso para tratar el dolor o el paludismo. El cáñamo se utilizaba también en algunas de las triacas de griegos y romanos. En España, la primera referencia escrita se encuentra en las obras de Ibn al Baytär al Malaqí (s.XII) , considerado el más importante botánico y farmacólogo de la Historia Medieval de la Península Ibérica.

En fechas algo más recientes, el Manual de Medicina Merck (1889) recomendaba su uso en el tratamiento de la histeria, el delirio, la epilepsia, el insomnio nervioso, la migraña, la dismenorrea (dolor menstrual) o el dolor crónico. El doctor J.R. Reynolds publicó un artículo en 1890 en la prestigiosa revista médica The Lancet, en el que consideraba al cannabis como «uno de los medicamentos más valiosos que tenemos, cuando es puro y se administra correctamente». Reynolds era el médico personal de la Reina Victoria de Inglaterra. Aunque no está documentado que Su Majestad utilizara el cannabis para tratar las terribles jaquecas que padecía durante la menstruación, no es una idea descabellada a vista de las opiniones de su doctor.

Este panorama va a cambiar a lo largo del siglo XX.  Diversos motivos de tipo social, económico y moral llevaron a la prohibición del consumo  del cannabis en EE UU en 1937 mediante la Marihuana Tax Act. Posteriormente, La Organización Mundial de la Salud (OMS), a través de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) clasificó al cannabis  como sustancia «con gran potencial de abuso, nulo interés terapéutico y cuyo uso supone graves riesgos para la salud» en la Convención Única sobre Estupefacientes  de 1961. De forma paralela,  durante la segunda mitad del siglo XX se desarrolla el ensayo clínico como patrón para demostrar la eficacia y seguridad de los medicamentos, comparando sus propiedades con un placebo a través del método científico. El cannabis no ha sido casi estudiado según este método, ya que a priori se había definido (con criterios más morales que científicos) su nulo interés terapéutico. Sí se desarrollaron  fármacos para indicaciones para las que el cannabis se había utilizado tradicionalmente, en algunos casos menos seguros a nivel farmacológico como los barbitúricos.

Las investigaciones sobre usos terapéuticos del cannabis se desarrollan tímidamente a lo largo de los años y 80 del siglo pasado. Durante aquellas décadas muchos pacientes siguieron utilizando el cannabis, en la mayoría de los casos con el desconocimiento o desaprobación de los profesionales sanitarios. En 1975 la FDA autoriza el primer programa de administración de cannabinoides sintéticos como fármacos de uso compasivo.

2.- La venganza del cannabis: el Sistema Cannabinoide Endógeno:

Pero la verdadera revolución con respecto a los usos terapéuticos del cannabis se produjo a lo largo de la década de los 90.  Hasta entonces no se conocía cual era el mecanismo por el cual los cannabinoides actuaban dentro del organismo y la mayoría de los científicos opinaban que el cannabis simplemente traspasaba las membranas de las células produciendo efectos inespecíficos. Durante la pasada década, se ha comprobado que, en todos los vertebrados, existen unos receptores a los cuales los cannabinoides se unen de forma específica: los receptores CB-1 se encuentran distribuídos en el sistema nervioso y los receptores CB-2, que aparecen en las células del sistema inmunológico.

Los principios activos de la planta (Cannabis sativaCannabis indica), como el delta-9- tetrahidrocannabinol (Δ9-THC), el cannabidiol (CBD) o cannabinol (CBN) se unen a estos receptores, produciendo distintos efectos en el organismo.  Pero la pregunta que surge de inmediato es: ¿por qué están esos receptores allí? ¿Únicamente para modificar el estado de consciencia cuando alguien fuma un canuto? Sería extraño el que existiera un sistema biológico tan complejo en todas las especies sólo para producir ese tipo de efectos…Efectivamente, se ha descubierto que el organismo genera sus propios cannabinoides (cannabinoides endógenos: anandamida y 2- araquidonilglicerol), que son las moléculas que se unen a los receptores CB-1 y CB-2. A todo este conjunto de receptores y mensajeros se le ha dado el nombre de sistema cannabinoide endógeno (SCE).

En la última década se han multiplicado las investigaciones para conocer las funciones del SCE en el organismo. La mayoría de los experimentos se hacen en laboratorio o en animales de experimentación.  Estos estudios señalan que el SCE controla muchos procesos biológicos en todos los vertebrados: cómo se modula la sensación del dolor, el control de los mecanismos de las nauseas y vómitos, la coordinación de los movimientos del cuerpo, regulación de los mecanismos de aprendizaje, recompensa, motivación y emociones…

Especialmente interesante es la relación entre los receptores CB-2 y el control de las células cancerosas.  Las células del sistema inmune atacan y destruyen las células tumorales que el propio organismo produce por error, evitando el desarrollo del cáncer en las personas sanas. El SCE, a través de los receptores CB-2, desempeña un papel crucial en el control de estos mecanismos.

3.- Del SCE a los fármacos derivados del cannabis

Se ha demostrado que el SCE puede ser un arma eficaz en el tratamiento de tumores como el cáncer de piel, mama, útero, pulmón, próstata, leucemias y linfomas. La idea es estimular al sistema inmunológico para que destruya las células tumorales. Pero la mayoría de los datos de investigación son todavía muy prematuros y proceden de experimentos en laboratorios o en animales. Hace dos años, un equipo de la Universidad Complutense de Madrid fue el primero en el mundo en administrar THC por vía intracraneal («pinchando» directamente sobre el cerebro) a ocho pacientes con un tipo de cáncer cerebral muy agresivo llamado glioblastoma multiforme. Aunque se trata de estrategias muy prometedoras, el desarrollo de fármacos derivados del SCE que permitan paliar o curar determinados tipos de cáncer llevará todavía algunos años.

No sucede lo mismo con otro tipo de enfermedades, en los que los fármacos derivados del cannabis ya han demostrado eficacia. Existen varios cannabinoides disponibles como fármacos, aunque no todos están comercializados en España:

El dronabinol (Marinol©) es la forma sintética del Δ9-THC, aprobado por la FDA en 1986 para el tratamiento de las nauseas y vómitos producidos por quimioterapia y síndrome de anorexia-caquexia (delgadez extrema y falta de apetito) asociado a SIDA. Está comercializado en EE.UU, pero no en Europa. Es útil en el control de determinados tipos de dolor, ya que potencia el efecto analgésico de los derivados de la morfina. También ha demostrado efectos beneficiosos sobre ciertos síntomas (dolor, rigidez, problemas urinarios) de la esclerosis múltiple. Existen casos anecdóticos sobre su posible utilidad en enfermedad de Alzheimer, picor por enfermedades hepáticas, trastorno obsesivo compulsivo…

La nabilona (Cesamet®) es un análogo sintético del THC. Está comercializado en EE.UU, Canadá, México y Reino Unido con las mismas indicaciones que dronabinol (nauseas producidas por quimioterapia y anorexia por SIDA). También existen ensayos clínicos que demuestran su eficacia en el manejo del dolor en cáncer avanzado y algunos síntomas de la enfermedad de Parkinson y esclerosis múltiple.

El rimonabant (Acomplia®) es un antagonista («neutralizador») de los receptores CB-1. El fármaco fue aprobado en la Unión Europea en el 2006 para el tratamiento de la obesidad en pacientes con problemas de diabetes o colesterol, contando también con estudios favorables como fármaco para ayudar a dejar de fumar. Sin embargo, en octubre de 2008 se suspendió su comercialización, ante el elevado número de efectos adversos de tipo psiquiátrico (incluyendo suicidios) registrados.

El spray de tetrahidrocannabinol/canabidiol (THC/CBD) (Sativex®) permite la administración sublingual de cantidades fijas de estos cannabinoides, extraídos directamente de la planta. El fármaco está aprobado en Canadá, para el tratamiento del dolor producido por esclerosis múltiple y cáncer. En el momento actual se están llevando a cabo ensayos clínicos con este fármaco para comprobar su eficacia en distintas enfermedades (náuseas y vómitos por cáncer, dolor por lesión en la médula, rigidez por esclerosis múltiple, artritis reumatoide…). Algunos de estos estudios se están llevando a cabo en Cataluña, con la colaboración de instituciones como el Colegio de Médicos de Barcelona, el Instituto Municipal de Investigaciones Médicas y el Departamento de Salud de la Generalitat.

Conviene hacer algunas consideraciones sobre estos fármacos. En primer lugar, señalar que, como cualquier otro, tienen sus propias indicaciones, contraindicaciones, efectos adversos, interacciones farmacológicas…Los cannabinoides se absorben mal por vía oral, lo que lleva a que, en principio, fórmulas como el spray de administración sublingual sean más adecuadas y produzcan mayor efecto terapéutico y menos efectos adversos.  Hay que tener en cuenta que el cannabis produce un estado modificado de consciencia, que puede ser agradable para algunas personas pero no tanto para otras. Además pueden aparecer otro tipo de efectos adversos (irritación en la zona de administración, cuadros de mareo, hipotensión…).

Señalar también que, hasta el momento este tipo de medicaciones no han demostrado que varíen el curso natural de ninguna enfermedad y se trata de fármacos destinados a aliviar síntomas (lo cual es, en bastantes  ocasiones, el objetivo principal de las intervenciones de los médicos). En este sentido, los fármacos derivados del cannabis deben considerarse como una opción de tratamiento más, pero existen otras familias de fármacos que, dependiendo del caso y el paciente, pueden ser más o menos adecuadas.

4.- ¿…y la marihuana?

Otro aspecto importante de la cuestión está en la automedicación con hachís o marihuana. Distintas encuestas señalan que entre el 10-36% de los pacientes con enfermedades como cáncer de mama, VIH-SIDA, esclerosis múltiple o dolor de origen neuropático han utilizado marihuana para aliviar síntomas de sus enfermedades y muchas de estas personas refieren alivio de sus síntomas. Este hecho contrasta con la escasez de ensayos clínicos en los que se utiliza marihuana (entre 2000 y 2008 sólo se encuentran 8, que incluyeron a un total de 248 pacientes con un seguimiento medio de 7 días).  La falta de investigación sobre la planta del cannabis suele atribuirse a los riesgos derivados de la vía de administración (fumada) o a la dificultad de obtener productos con concentraciones homogéneas. Siendo esto cierto, también hay que considerar otros elementos importantes como el desinterés de la industria farmacéutica en un producto del que no se puede obtener beneficio o las obstrucciones burocráticas, trabas legales y prejuicios de tipo moral para la investigación con sustancias fiscalizadas.

El descubrimiento del SCE y el desarrollo de fármacos derivados del cannabis ha colocado muchos de los dogmas de la lucha  antidroga entre la espada y la pared. Es imposible mantener que las drogas son un conjunto de terribles problemas para la salud y la sociedad en cualquier circunstancia y mientras se desarrollan fármacos que tienen como base estas maléficas sustancias. Pero el movimiento antiprohibicionista no debería caer en la tentación de hacer de los usos terapéuticos del cannabis una de sus banderas. Existen suficientes argumentos de tipo político, social, económico y moral para defender el derecho a la modificación de consciencia con sustancias, con fines recreativos o de cualquier otra índole, siempre que no perjudique a terceros. Los usos terapéuticos del cannabis constituyen una cuestión estrictamente científica y sanitaria que debería permanecer en ese ámbito, sin injerencias de los partidarios de la legalización ni, mucho menos, de los políticos y los organismos antidroga.

Texto Fernando Caudevilla

Visto en Cannabis Magazine.

Información sobre drogas y fármacos

Por Joan Manuel Riera Casany (Voluntario social)

Debido a la falta de información y la desinformación que existe en el capitulo de drogas la opinión pública esta convencida, en muchos casos, de que el cannabis y las drogas ilegales son más nocivos y peligrosos que las drogas legales, el tabaco y el alcohol. La RAE definelegal como “Prescrito por la ley y conforme a ella”ilega“Que es contra la ley”, luego  la mayoría consideran que lo legal es bueno y lo ilegal malo, y consecuentemente restan importancia al consumo del alcohol, el tabaco y los fármacos y se la dan al consumo de drogas ilegales.

Cuando en  tres estudios diferentes queda patente que el cannabis es menos peligroso y adictivo que el tabaco y el alcohol debe de darnos motivos para reflexionar sobre todo cuanto se dice sobre el cannabis, no para restarle la importancia que merece en cuanto a los efectos negativos que produce, sino para ponerlo en el lugar que le corresponde sin exagerar sus efectos nocivos  ni querer presentarlo como una sustancia totalmente inocua para la salud, aunque actualmente se use en algunos casos como medicamento.

En las encuestas del CIS “el problema de las drogas” ocupa en julio de 2010 el puesto nº 20, lo que indica que cada vez más hay problemas  (19) que los ciudadanos consideran, por un lado, más importantes que las drogas y, por otro, que este desinterés puede estar motivado por la falta de información veraz o quizás a la desinformación que existe en este tema por otra parte de los medios de comunicación.

Está de moda hablar y satanizar el cannabis y existen numerosos estudios sobre esta sustancia  que se contradicen en las informaciones que dan, según estén apoyadas o financiadas por partidarios o detractores de ella, con lo que resulta que la ciencia esta al servicio de los intereses económicos y de poder, y no la de sus objetivos de mejorar la calidad de vida de los humanos y dar explicación y solución a los problemas que se presentan, como debería ser. Todo ello produce una desinformación que da pie a rocambolescas opiniones faltas de veracidad y rigor, usadas para defender turbios intereses políticos y económicos en lugar de facilitar a los ciudadanos una información real sobre las  drogas. Todas las drogas y también los fármacos, no debemos obviarlo, tienen efectos secundarios no deseados y en todas ella su abuso puede llevar a graves afecciones en la salud del individuo e incluso a la muerte. Lo mejor es no consumir drogas y si se consumen que sea un uso responsable sin caer en el abuso, no olvidando que bajo sus efectos no debes de conducir vehículos. En los fármacos desgraciadamente en muchos casos no se puede prescindir de ellos y debe de tenerse muy presente que en muchos el folleto ya indica que con su consumo no debe uno de poner se al volante de ningún vehículo, cosa que muchos no hacen por desconocimiento, al no leer el folleto, o no lo consideran importante y necesario porque son fármacos y no drogas, porque son legales no ilegales. La patología de la adicción tiene tanta importancia en las drogas ilegales como en las legales y los fármacos.

La palabra Phármakon (fármaco) procede del griego y se utilizaba para nombrar tanto a las drogas como a los medicamentos. El término Phármakon tenía variados significados, que incluyen: “remedio”, “cura”, “veneno”, “antídoto”, “droga”, “receta”, “colorante artificial”, “pintura”, etc. En el capitulo de adición a las drogas no olvidemos los fármacos.

Repasemos los productos farmacéuticos. Los psicofármacos (tratan los trastornos mentales) son los más susceptibles de causar fármaco dependencia. Según la función para la que fueron creados, los fármacos pueden dividirse en diferentes categorías. Los tranquilizantes mayores (neurolépticos) que son sustancias utilizadas para combatir conductas psicóticas como la esquizofrenia, los procesos maniacos o la depresión. También se emplean para el tratamiento de la fármaco dependencia. Los tranquilizantes menores (ansiolíticos), aplicados para tratar algunas conductas neuróticas. Son productos muy peligrosos ya que pueden llegar a producir un grave síndrome de abstinencia. Los fármacos dependientes mezclan dosis moderadas y altas de estos productos con bebidas alcohólicas para potenciar el efecto de estas últimas. Un tercer tipo está compuesto por los somníferos (hipnoticosedantes) entre los cuales los más conocidos son los barbitúricos que empezaron a utilizarse como sustitutos cuando se prohibieron los derivados opiáceos que se empleaban como sedantes. Se trata de sustancias muy adictiva, que crean gran dependencia física y graves síndromes de abstinencia. Su uso, cada vez más restringido, está dirigido a combatir los trastornos funcionales y el insomnio. Otro modelo de fármacos que producen dependencia son los estimulantes (anfetaminas y derivados) que aparecieron en 1930 y se utilizaron durante la segunda Guerra Mundial para proporcionar energía a los combatientes. Se utilizan para tratar los problemas de obesidad, aumentar la capacidad intelectual, así como en el tratamiento de los procesos depresivos y de la hiperactividad infantil. Estimulan el sistema nervioso e incrementan el rendimiento intelectual, aunque tienen importantes efectos secundarios. Aumentan los latidos cardiacos, intensifican la respiración y elevan la tensión arterial. En cuanto a los efectos sobre la conducta, hay que señalar que, a largo plazo, producen irritación e insomnio y quitan las ganas de comer. Por último, podemos destacar los antidepresivos que pueden, a su vez, dividirse en dos grandes bloques: los heterocíclicos, que son los más frecuentes y con un efecto limitado; y los inhibidores de la monoaminoxidasa (IMAO), bastante más potentes. (Fuente: http://mural.uv.es/nomara/farmacodependencia.htm).

Cada vez son más las personas, una parte de ellas por desconocimiento,  que adquieren adicción a productos farmacéuticos, en Estados Unidos los adictos representan el doble de consumidores que los de las drogas ilegales, en solo 6 años se ha doblado la cifra.

Es una realidad que la sociedad actual adolece de una gran falta de información sobre las drogas y también de los fármacos. Otro hecho es el que los medios de información y la sociedad cargan las tintas sobre las drogas y el capitulo de adicción por  productos farmacéuticos lo dejan relegado a un lugar casi olvidado. Demostrado el fracaso de la actual política prohibicionista de las drogas si queremos abordar un cambio de rumbo yendo a otra más humana y efectiva por lo primero que hemos de empezar es por una eficaz campaña de formación e información, veraz y efectiva, sobre drogas y fármacos para que la sociedad y especialmente los jóvenes afronte su posible consumo o abstinencia con total conocimiento de sus efectos. No podemos olvidar que un porcentaje de los adictos de ambas sustancias empezaron su consumo  sin conocer sus propiedades, tanto positivas como negativas, propiedades que si ahora ya las conocen ha sido cuando ya han caído en la adicción y en muchos casos esta no tiene remedio. En las políticas de prevención es importante e imprescindible dar una información verídica y contrastada de lo que se propone prevenir.

Visto en el Blog de los lectores de La Vanguardia